Aprovechando estos últimos años de abundantes precipitaciones y la parcial recuperación del Acuífero 23, diversas organizaciones ecologistas han propuesto la ampliación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel hasta los Ojos del Guadiana. Ya los Ojos en sí mismos, las fuentes del Guadiana, son un portento de la naturaleza que requerirían de una especial protección, a pesar de llevar secos veinte años gracias a los desmanes de autoridades y particulares que solo tenían en mente una explotación rápida de los terrenos aunque significase “pan para hoy y hambre para mañana”.

Los Ojos del Guadiana son de dominio público hidráulico del Estado Español desde 1984 y es lógico que, siendo un paraje de excepcional valor y de las mismas características que las Tablas, el parque nacional se ampliase a lo largo de todo el cauce del Guadiana, hasta su nacimiento. Aunque esto significaría cambiar el chip y comenzar a pensar en justicia ecológica y en economía sostenible. La riqueza de una tierra no puede estar ligada a su devastación. Y eso es una asignatura pendiente en la Mancha húmeda.

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En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
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