Folklore

Ya hablamos con anterioridad de la fiesta de San Antón como una de las más destacadas del ciclo de fiestas invernales, muy celebrada en los pueblos manchegos y en España entera. Vaya, que “hasta san Antón, pascuas son”. Es la festividad que conmemora a san Antonio Abad, fundador del movimiento eremítico y reconocido desde muy antiguo como santo patrón de los animales domésticos; y que murió un 17 de enero.

Esta relación del santo con los animales es lo que ha propiciado la especial importancia que tiene su fiesta en pueblos de comarcas con fuerte impronta ganadera. Es lo que sucede con Gálvez, una localidad toledana en la que viven San Antón de una manera única. Sobre todo la víspera, que se festeja más o menos de la misma manera desde hace más de 200 años y que se ha convertido en una de las señas de identidad del pueblo.

En cuanto anochece el día 16, se empiezan a encender decenas de luminarias en honor al santo. Las calles se llenan de hogueras que buscan la purificación y protección de los animales. Pueden llegar a encenderse más de 150, que se alimentan con restos de la poda del olivo y trastos viejos. Los vecinos comienzan a sacar viandas y es entonces cuando salen a la calle los “sanantones”.

Correr el san Antón en Gálvez

Esta es una tradición totalmente autóctona: galveses y galvesas se disfrazan con ropas viejas, colchas, máscaras, harapos…, al estilo de las máscaras callejeras de los carnavales manchegos, y se cuelgan cencerros. De esta guisa “corren el san Antón”, que es visitar las hogueras haciendo sonar los cencerros y comer y beber sin que nadie les conozca. Parece que al principio consistía en disfrazar a los animales, pero luego se empezaron a disfrazar los dueños, que se tiznaban las caras con corchos quemados. En la actualidad, diversas charangas amenizan estos paseos por las calles.

Alrededor de las hogueras se asan productos típicos de la matanza, que hacen las delicias de vecinos y visitantes. También hay ocasión para degustar otros platos y dulces tradicionales como las migas, las puches, dulce elaborado con harina y anís que se cuece en la lumbre, y las típicas herraduras de san Antón, un dulce muy parecido al roscón de reyes.

San Antón en Gálvez

Sanantones frente a una hoguera (foto de la web del Ayto. de Gálvez)

El día 17, el de la fiesta propiamente dicha, se celebra una solemne misa, y a esta sigue la tradicional bendición de animales en la plaza de la iglesia y una procesión en la que desfila la caballería del pueblo y el resto de animales bendecidos. Antaño, caballos y mulas iban muy engalanados, con el pelaje recortado, mantones, campanillas y cascabeles.

Desde el siglo XVIII también se seguía la típica tradición del guarro de san Antón: en febrero o marzo del año anterior, algún vecino donaba un cochinillo, se le ponía una cinta y, a lo largo del año, era cuidado y alimentado por todos los vecinos. Cuando llegaba la fiesta, se daba como sustento a los más pobres. En la actualidad, queda como reminiscencia un sorteo que llevan a cabo los comercios de la localidad.

San Antonio Abad

Fue san Antonio un santo egipcio que vivió a caballo de los siglos III y IV. Provenía de una familia cristiana y rica, pero él decidió seguir el Evangelio, vendió todos sus bienes y se retiró como ermitaño a una cueva en el desierto del alto Nilo. Allí sufrió todo tipo de tentaciones que lo pusieron a prueba y que siempre superó gracias a su fe. También organizó a los demás anacoretas de esos desiertos, que lo tenían por un maestro. La Iglesia oriental le rindió culto desde su muerte, mientras que en Occidente se tardó todavía cinco siglos en empezar a hacerlo.

Como vivía en la soledad de la naturaleza, la tradición cuenta que tenía una relación muy especial con los animales, a los que bendecía como criaturas de la creación. Cuenta la leyenda que en cierta ocasión sanó milagrosamente la ceguera de las crías de una jabalina y que desde entonces lo acompañaron en sus soledades. De ahí vendría la estampa iconográfica del santo con el cerdito a sus pies. Quizá, simplemente, era el animal más representativo de su victoria contra las tentaciones, por tratarse de un animal que era conriderado impuro.

Otra de las múltiples facetas del santo lo relacionan con el fuego, uno de los elementos importantes de la celebración de su fiesta. Además de por algún pasaje legendario de su vida, se asocia con este elemento por el llamado “fuego de san Antonio”, o ergotismo, una enfermedad que seguramente se producía por la ingestión del cornezuelo del centeno, y que fue un verdadero azote a lo largo de la Edad Media. Se pensaba que el santo había sufrido ese tipo de suplicios cuando fue a orar al desierto y se extendió la creencia de que él era capaz de curar la enfermedad. De ahí que los propios frailes antonianos se dedicasen a su curación.

Fuentes:

 

gancheros

Llega septiembre y, como cada año, el primer sábado del mes tiene lugar una singular festividad en las sierras de Guadalajara: la Fiesta Ganchera. Se trata de una fiesta que rinde homenaje a los hombres que, durante más de cinco siglos, ejercieron el peligroso y arriesgado oficio de ganchero.

Los gancheros eran los encargados de transportar por los ríos Tajo, Guadiela y Escabas, los troncos de madera talados en los bosques y pinares de las sierras del Alto Tajo, y conducirlos hasta las zonas manufactureras de Aranjuez, Toledo o Talavera de la Reina. La madera de estas sierras del Sistema Ibérico de Cuenca y Guadalajara fueron siempre muy apreciadas para la construcción, la industria ferroviaria y la naviera. Y en una época en la que los accesos hasta las zonas productoras eran casi intransitables, esta era casi la única manera de transportar los troncos.

De la industria maderera dependió, durante mucho tiempo, el sustento de numerosas familias de las comarcas del Alto Tajo. Había resineros, carboneros, leñadores y, por supuesto, gancheros. Este oficio surgió en la Edad Media como uno más de los trabajos forestales, temporal, penoso y mal pagado. Sin embargo, con el tiempo se convirtió en un oficio especializado que exigía una gran destreza y unos conocimientos de domino del río que iban pasando de padres a hijos.

El nombre de “ganchero” provenía de la herramienta que utilizaban, el gancho o bichero, un palo de unos dos metros y medios que acababa en una pieza de metal con dos puntas, una recta y otra curva. Con ella dirigían los troncos empujando, o tirando según el caso. Los troncos iban sueltos, no se ataban formando balsas como en otras regiones peninsulares. Esto se debía a la peculiaridad de los ríos de esta zona, menos anchos y caudalosos que los de la cuenca del Ebro y los Pirineos, y con más obstáculos en su curso. Era más económico y sencillo, pero requería de más mano de obra.

Maderadas por el Tajo

“Maderada” era el nombre que se daba a cada uno de estos descensos de troncos por el Tajo y sus afluentes, desde las sierras hasta Aranjuez. Había otra vía, la de levante, por el Júcar y el Cabriel hasta Valencia. Los viajes comenzaban en febrero y marzo, cuando más agua llevaban los ríos, y podían durar hasta cinco o seis meses, dependiendo de los caudales de ese año. Hay que considerar que una maderada podía estar constituida por miles de troncos.

El trabajo comenzaba una vez que los leñadores o hacheros habían limpiado los troncos de ramas y corteza y los habían llevado hasta el río, generalmente arrastrados por bestias. Una vez allí, los dejaban “purgarse” durante un tiempo en la orilla. Debían ser troncos de haya o de pino; la encina y el roble no flotan bien.

Entonces se formaban las cuadrillas de gancheros, dirigidas por un maestro de ganchería, que iba al frente. Cada maderada requería de cien gancheros o más, dependiendo de su tamaño. La maderada se dividía en tres partes: delantera, central y zaga. Cada una de las secciones requería atender tareas distintas, y era gobernada por un mayoral con tres o cuatro cuadrillas de unos diez gancheros a su cargo. Sigue leyendo

Esta pasada noche del 30 de abril ha tenido lugar la Fiesta de los Mayos, festividad muy arraigada y extendida a lo largo y ancho de todo el campo manchego. En la mayoría de las localidades, la fiesta se alarga durante toda la madrugada y sigue el 1 de mayo, aunque, en algunos pueblos, la fiesta continuará todavía unos cuantos días. Es bastante corriente que entronque o se solape con la fiesta de la Cruz de Mayo que tiene lugar el día 3.

Fiesta de los Mayos

Festival de Mayos en Pedro Muñoz. Fotografía de Rafael Martínez

Los mayos, de cuyos orígenes ya hablamos en este otro artículo, es una fiesta de exaltación primaveral que tienen distintas manifestaciones, unas religiosas y otras profanas (las primeras derivadas de las segundas). A todas ellas se las denomina mayos.

Plantar el mayo

Una de las manifestaciones es la de plantar el árbol-mayo. Es una tradición que proviene de rituales paganos muy antiguos, cuando el culto al árbol era una práctica extendida por toda Europa. Aun hoy se encuentran reflejos en el maypole de Inglaterra, o en los postes que se levantan en diversas regiones de Centroeuropa. En la Península, es todavía bastante común en muchas zonas de Castilla, León, la cornisa cantábrica… Los mozos del pueblo (antaño los quintos) cortan un árbol en algún bosque cercano y lo transportan al pueblo, donde le quitan las ramas, salvo un penacho en lo más alto, y lo adoran con banderas, frutos y flores. Luego, entre todos, “plantan” el mayo, levantan el árbol hasta dejarlo erguido en la plaza principal o delante de la iglesia.

Dado el carácter de su paisaje, carente de grandes zonas boscosas, esta tradición casi se ha perdido en la Mancha, aunque todavía perdura en sus zonas limítrofes o montañosas, en comarcas de Cuenca y Guadalajara, pueblos de Toledo como Nóez, o de Ciudad Real como Puebla de don Rodrigo. En muchos lugares, esta costumbre dio lugar a las enramadas, que consisten en decorar las ventanas o fachadas de las casas de las mayas con adornos de ramas, algo más asequible. En otros, la enramada se hace de manera simbólica y se decoran las fachadas con dibujos o piropos.

Es muy posible que, con el proceso de cristianización, el rito de levantar el mayo se fusionase con la exaltación de la cruz, y de ahí la tradición de las cruces de mayo: en vez de engalanar un árbol, se plantan y adornan las cruces.

Emparejamientos, rondas y canciones

Otra manifestación de la Fiesta de los Mayos es la de los emparejamientos o los ficticios matrimonios de mayos y mayas. Es otra tradición que va desapareciendo y, donde perdura, ha perdiendo su sentido original.

Mozas y mozos solteros se emparejaban por sorteo o por subasta. Donde se hacía subasta, eran los chicos los que pujaban por las muchachas que pretendían. La maya normalmente se enteraba de qué mozo le había tocado cuando le cantaban el mayo. Y, en cualquier caso, siempre podía rechazarlo. Una vez emparejados, el mayo acompañaba y agasajaba a su maya durante un tiempo, y ella le correspondía con regalos o convites; y ambos formaban pareja de baile en fiestas y comidas.

Hemos de tener en cuenta que, antaño, chicos y chicas tenían muchas limitaciones a la hora de relacionarse; no era tan normal como ahora. Esta tradición era una buena manera de los jóvenes se conocieran y entablasen relación. Y, aunque era una especie de juego, más de un noviazgo terminaba surgiendo durante estas fechas.

Ya hemos mencionado los mayos que los muchachos cantan a las muchachas. Esta es la manifestación más extendida de la fiesta, la de cantar los mayos. Como en toda celebración popular, los cantos y la música son un aspecto fundamental de la fiesta. Lo normal en los pueblos de la Mancha es que, desde la tarde-noche del 30 de abril, grupos de mayeros salgan de ronda por las calles cantando y acompañados de guitarras, bandurrias o laúdes. Van casa por casa durante toda la noche, y las chicas reciben su mayo, dedicado por el novio, los amigos… Así durante toda la noche.

Son, estos, mayos profanos dedicados a la exaltación del mes y al elogio de las mujeres. Suelen tener dos partes: en la primera se “pinta el retrato”, es decir, se describe la fisonomía de la maya mediante metáforas y comparaciones y se alaba su belleza; en la segunda parte “echa el mayo”, se declara quién es el pretendiente o el que dedica el mayo. Las composiciones más comunes son las de tipo romance, con versos octosílabos y rima asonante en los pares.

Es algo muy extendido que, antes de empezar la ronda, se dediquen mayos a la Virgen en iglesias o ermitas. Pero estos mayos religiosos no son más que derivaciones de los profanos. El proceso de cristianización sufrido por estas fiestas hizo que se considerase a la Virgen como maya, y por eso se le dedican sus propios mayos. En algunas localidades también se cantan mayos a la cruz.

 Fuentes

Aunque el calendario litúrgico señala el 2 de noviembre como Día de Difuntos, y en él se recuerda y conmemora en favor de las ánimas del purgatorio, hay una antigua costumbre en la Mancha de celebrar fiestas y bailes de ánimas en tiempos de Carnaval. Se trata de prácticas que mezclan usos mundanos y rituales religiosos, y se engloban dentro del ciclo de festividades invernales.

bailes de ánimas

Baile de Ánimas de Daimiel – Imagen tomada de manchainformación.com

La devoción a las ánimas benditas fue un culto impulsado de manera especial por las órdenes religiosas después del Concilio de Trento. En villas y aldeas comenzaron a aparecer las cofradías o hermandades de ánimas que, con el tiempo, fueron cobrando protagonismo en la celebración de los carnavales a medida que las fechas de las dos celebraciones comenzaron a coincidir, algo que se hizo patente a partir del siglo XVIII.

De este modo, se hizo normal en los pueblos manchegos celebrar ofertorios o misas para las ánimas del purgatorio justo antes o durante el Carnaval, así como procesiones de las cofradías y bailes. Todo esto tenía mucho de recaudatorio: subastas, bailes «pujados» y limosneros que recorrían las calles servían para conseguir dinero para misas y velas.

Lo normal es que primero tuviese lugar un pasacalles en el que se anunciaban los cultos y se pregonaban los bailes. Se solía desfilar al son de los tambores portando unas banderas que luego se ondeaban y se «bailaban».

Pero lo más esperado, sin duda, eran los bailes pujados. Clemente Díaz ya los describía en el Semanario Pintoresco Español, en la primera mitad del XIX. Cuenta que, en la casa en la que se celebraba el baile, se preparaba una sala grande bien iluminada por velones y candelas, con largas filas de sillas formando un corro que rodea el espacio de baile, y una gran mesa con viandas: torrados, pasas, higos, tortas de cañamones con miel y abundante vino. Allí llegaban las autoridades y la presidencia de la cofradía y, sobre todo, los mozos, que pujaban y entregaban los «cuartos» a las ánimas para bailar con las muchachas que más les caían en gracia, y que acudían vestidas con sus sayas de color, basquiñas negras, mantellinas de estameña forradas de terliz encarnado y castañas de pelo en la cabeza. El limosnero de ánimas se encargaba de guardar el dinero en la espuerta de las ofrendas, y voceaba en voz alta cosas como «¿Quién puja, señores, quién puja?, ¿quién quiere bailar con Antonia, la Calcetera? Cuatro cuartos dan por ella. ¿Quién puja, quién puja?». Sigue leyendo

procesión de los blancos

  1. Las “turbas” de Cuenca: tambores y clarines resuenan en la madrugada del Viernes Santo para imitar las burlas que sufrió Jesús camino del Calvario.
  2. Las cofradías de Campo de Criptana procesionando entre sus famosos molinos de viento.
  3. La calidad artística de las tallas de los pasos de Daimiel.
  4. Los tambores de Tobarra retumbando sin parar durante cinco días seguidos; ¡104 horas ininterrumpidas!
  5. El Cristo de la Buena Muerte y los cofrades vestidos de franciscanos, caminando en el silencio de la noche por las estrechas calles de Toledo.
  6. Los desfiles de las compañías de “armaos” de los pueblos del Campo de Calatrava, con sus relucientes armaduras tradicionales.
  7. La sobriedad castellana de la Semana Santa de Ocaña: silencio y recogimiento.
  8. Los costaleros de las procesiones de Ciudad Real portando los pasos a través de la plaza Mayor.
  9. Las tamboradas de Hellín, en las que se congregan más de 20.000 tamborileros tocando al mismo tiempo. Impresionante.
  10. La Semana de Música Religiosa de Cuenca, que cita anualmente a los más prestigiosos intérpretes de música sacra del mundo.
  11. El sonido del hierro contra el suelo que hacen las cadenas que arrastran los nazarenos durante la procesión del Santo Entierro de Villarrobledo.
  12. La interpretación del Canto de la Pasión de Chinchilla, romance anónimo medieval considerado el drama litúrgico pasional en castellano más antiguo que se conserva.
  13. La Fiesta de la Pasión Viviente de Hiendelaencina, especialmente la interpretación de la crucifixión en un monte cercano al pueblo.
  14. El Capítulo de Caballeros Penitentes del Cristo Redentor de Toledo entonando el Miserere durante la procesión del Miércoles Santo por el casco antiguo.
  15. Los miembros de la Cofradía de los Apóstoles de Guadalajara luciendo sus clásicas capas castellanas durante el Vía Crucis de Viernes Santo.

Y estos son solo quince entre los muchísimos que hay para conocer la Semana Santa de Castilla-La Mancha.

Quizá no sean tan elegantes como el carnaval de Venecia, ni tan multitudinarios como el de Río, pero a los carnavales manchegos no les falta ni tradición ni diversión.

Carnavales manchegos de Tarazona

Tarazona de la Mancha, fotografía de Jesús Ruiz Bueno

Carnaval de Villarrobledo

Es la festividad más importante de la localidad, considerada Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 2011. Se trata de un carnaval antiguo del que ya hay referencias en los siglos XVI y XVII en diversas cartas y documentos. En 1869 se hace mención directa de la celebración de bailes de carnaval. Durante mucho tiempo funcionaron, paralelamente, un carnaval de salón, burgués, y un carnaval callejero, popular. Durante el primer tercio del siglo XX, estas celebraciones alcanzaron cierto renombre a nivel nacional. Durante la prohibición de la dictadura, se llegó a solicitar un permiso especial al gobernador civil de Albacete para poder seguir con la celebración de los bailes de carnaval.

El de Villarrobledo es un carnaval largo; popularmente se dice que es una fiesta de diez días que dura once. Y no termina con el tradicional entierro de la sardina; precisamente, los días posteriores son los más fuertes. Estos carnavales son muy participativos, y todos los días se puede encontrar gente disfrazada a cualquier hora y en cualquier lugar, incluso atendiendo sus negocios. Por supuesto, no faltan los desfiles adultos e infantiles, los concursos de murgas y chirigotas, y todas las noches hay baile.

El Jueves Lardero (el anterior al Domingo de Carnaval) se da la bienvenida a la fiesta con la denominada “llegada de los juanes” (juanes es el nombre que se da en la zona a una especie de cuervo). Este día, la gente se disfraza de aves que a su vez van disfrazadas de otra cosa. Se suele elegir una temática para el disfraz, pero es obligatorio que todo el mundo lleve puestos su pico y sus garras de juan. De todos modos, el comienzo oficial tiene lugar al día siguiente, con el pregón y el concurso de murgas y chirigotas en el Gran Teatro.

El Sábado de Carnaval desfilan los grupos y comparsas locales y el Domingo de Carnaval tiene lugar el primer desfile infantil. El carnaval infantil de Villarrobledo fue pionero en España y ha alcanzado gran reconocimiento por su espectacularidad. Participan todos los colegios de la localidad, y en los desfiles se llega a superar el millar de participantes. Estos días hay chocolatadas, concursos y talleres para niños.

Los dos días siguientes tienen lugar dos celebraciones peculiares y distintivas de estos carnavales. El lunes nos encontramos con el tradicional mercadillo del carnaval; y el Martes de Carnaval, al anochecer, las peñas, comparsas y grupos se dedican a representar escenas populares manchegas, en las que no faltan productos y platos típicos. Eso sí, la interpretación de los distintos trajes folclóricos es bastante libre, a gusto del que se disfraza.

El miércoles tiene lugar el entierro de la sardina, aunque se tiene muy presente que aquí no significa el final del carnaval y que queda todavía fiesta para rato. Se siguen sucediendo los bailes, y la noche del Segundo Jueves de Carnaval tiene lugar el concurso de bodas, uno de los eventos diferenciadores de estos carnavales. Nos encontramos por las calles con innumerables cortejos nupciales, banquetes y ceremonias. Se puede parodiar bodas famosas, del pueblo o de todo el mundo, pero también tienen lugar esta noche los enlaces más disparatados que podamos imaginar, siempre buscando la risa y el disparate: se casan sillas con mesas, coches con coches, farolas con bancos…

El Segundo Viernes de Carnaval, fiesta local, los niños vuelven a ser los protagonistas con su desfile, y el Segundo Sábado tiene lugar el gran desfile regional, al que acuden peñas y grupos de diversos lugares de la Mancha. La fiesta termina con el Domingo de Resaca, en el que tiene lugar un gran concurso de gachas manchegas: propios y extraños pueden deleitarse degustando la gastronomía local antes de enfrascarse de lleno en la Cuaresma.

Carnaval de Miguelturra

Se trata de uno de los carnavales con más solera de Ciudad Real, tan arraigado, que los vecinos se saltaron las diversas prohibiciones establecidas tras la Guerra Civil, y más de uno corrió por aquellas fechas dando esquinazo a serenos y guardiaciviles. Son elementos fundamentales las murgas, comparsas, estudiantinas y, en tiempos más recientes, las diversas peñas. Pero la verdadera seña de identidad del carnaval de Miguelturra es la máscara callejera. Un antifaz y un trapo en la cara, ropas olvidadas en los armarios de los abuelos, sacos, botas viejas, sombreros… y ya se puede salir a la calle a asaltar a los viandantes con el grito, siempre con voz de falsete, de “¡A que no me conoces!”. Sencillez y provocación a partes iguales, las máscaras “dan la broma”, alborotan entre la muchedumbre, incitan a los mozos, molestan a las parejas, siempre escudadas en su disfraz y esperando no ser reconocidas.

Destaca en Miguelturra el gran desfile del Domingo de Piñata. Antaño salían carros engalanados y, en la actualidad, el desfile de carrozas se ha convertido en uno de los más importantes de la región, por la cantidad de participantes y la calidad de sus propuestas.

No faltan estos días los diversos concursos de máscaras, de murgas y chirigotas y de coplas. Cabe destacar el concurso de las tradicionales frutas de sartén (rosquillas, barquillos, borrachuelas, flores y roscapiñas). Hay también concursos especiales, más modernos, como el de drag queen o de disfraces con materiales reciclados.

Los bailes de máscaras, el entierro de la sardina, las murgas y estudiantinas, también contribuyen a aumentar la fama de estos carnavales, que han sido declarados de interés turístico regional. Sigue leyendo

hogueras

Con la fiesta de santa Águeda, y a falta solo del carnaval, se puede dar prácticamente por finalizado el ciclo de fiestas invernales. San Antón, san Blas, santa Brígida…; las hogueras se propagaron estas últimas semanas por diversos barrios y municipios manchegos.

Hogueras o luminarias, antorchas y fuegos artificiales, velas y hachones: el fuego es el elemento clave en estas celebraciones; fuego profano y fuego sagrado que se mezclan en las fiestas de invierno. Desde la antigüedad pagana, el fuego ha sido considerado, por un lado, un elemento protector; las luminarias nocturnas servían para alejar maleficios y malos espíritus. Por otro lado, el fuego simbolizaba la purificación y la regeneración. En realidad, se trata de la dicotomía destrucción-renovación: el fuego voraz y destructivo que abrasa y consume los elementos nocivos y el fuego que alimenta la vida, elemento regenerador para personas y animales, plantas y cultivos.

Así pues, las hogueras constituían rituales de renovación que propiciaban el paso del invierno a la primavera, y rituales de purificación, para quemar lo impuro, lo viejo, para acabar con todo lo maligno. Todavía en la Edad Media, los castellanos atribuían al fuego propiedades mágicas y purificadoras, y se seguía usando como protección o para ahuyentar el mal. Pero ya la Iglesia primitiva, en su lucha contra el paganismo, había hecho coincidir estas fiestas del fuego con episodios de la vida de Cristo y la Virgen, o con las celebraciones en honor de ciertos santos. Por eso suelen ser fiestas de barrios y ermitas; ermitas que proliferaron extramuros de las villas durante la Edad Moderna hasta que fueron absorbidas, poco a poco, por los núcleos urbanos. Por esta razón, también son conocidas en diversas localidades manchegas como fiestas de los “santos viejos”, que anteceden a los carnavales. Con el entierro de la sardina y la quema de doña Sardina termina este ciclo de fiestas, hogueras y desenfreno. Este último fuego, y la ceniza del Miércoles de Ceniza, ejemplifican esa purificación necesaria, después de tantos excesos, para pasar a la Cuaresma.

Santos, vírgenes y hogueras

17 de enero, san Antón. La fiesta de San Antonio Abad, el primero de los eremitas, es de las más extendidas en la Mancha, así como sus hogueras y luminarias. Seguramente fue en sus inicios una fiesta pagana, como tantas otras, y muestra todos los rasgos típicos de una celebración del solsticio de invierno: las hogueras, la bendición de bestias y ganado, y la quema de de cosas viejas. Aunque el tradicional sorteo del “guarrillo de san Antón” se ha perdido en muchos lugares, lo que no falta en casi ninguna localidad son las hogueras nocturnas, ya sea en la víspera o el mismo día. En algunos pueblos, como Almagro, también está extendida la costumbre de salir a quemar los trastos viejos. La degustación de distintos alimentos o de “limoná” alrededor de las hogueras es algo que también se repite mucho.

20 de enero, san Sebastián. Muy venerado por toda la geografía española, en la Mancha celebran con hogueras su festividad localidades como Alcázar de San Juan, Villanueva de los Infantes, Santa Cruz de Mudela, Campo de Criptana o Almodóvar del Campo.

24 de enero, la Virgen de la Paz. Esta advocación mariana fue la responsable, según la leyenda, de restablecer la paz en la ciudad de Toledo cuando, tras de la conquista por Alfonso VI, hubo disturbios entre cristianos y musulmanes, enfrentados por la posesión del principal templo de la ciudad. Finalmente, y gracias a la intervención de la Virgen, los cristianos tomaron posesión del templo el día 24 de enero. Festejan este día con hogueras importantes Daimiel, Campo de Criptana y Manzanares, entre otros pueblos.

1 de febrero, Santa Brígida. Santa irlandesa, santa Brígida fue fundadora del primer monasterio de aquella isla. Aquí en la Mancha, se celebra con hogueras su fiesta en algunos lugares como Almadén, donde nos encontramos con la Lumbre de santa Brígida.

2 de febrero, día de la Candelaria. Su propio nombre, “día de las candelas” ya evoca el papel central del fuego en esta festividad. La Virgen de la Candelaria es una advocación mariana que recuerda la presentación de Jesús en el templo, el encuentro con Simeón y Ana, y la purificación ritual de María (algo que podemos relacionar con la capacidad purificadora del fuego de la que hemos hablado antes). Es posible que esta fiesta esté remotamente emparentada con las lupercales romanas. Se trata de un día que se encuentra justo en el ecuador del invierno, y para el pueblo campesino siempre ha significado el fin de las largas noches, el tránsito hacia la primavera y el comienzo del año agrícola. Encontramos hogueras y luminarias en Pozuelo, Almagro, Brazatortas, Puertollano, Bienservida o Alcaraz. En Villamayor de Calatrava, la víspera se celebra el denominado Candelicio: los niños recorren todas las luminarias del pueblo haciendo sonar sus cencerros.

3 de febrero, san Blas. Eremita y obispo de Sebaste, san Blas fue martirizado durante las últimas persecuciones de cristianos, en el siglo IV. Se dice que poseía el don de la curación milagrosa. Se celebra su día con hogueras en Tarazona de la Mancha y Manzanares. También debemos mencionar las luminarias de Bienservida.

5 de febrero, santa Águeda. Santa Águeda de Catania fue una virgen mártir que fue torturada y ejecutada por el procónsul de Sicilia porque esta había entregado su virginidad a Jesucristo y no atendía sus requerimientos amorosos. Antes de lanzarla a las brasas y arrastrarla por la ciudad, ordenó que le cortaran los pechos. Por eso se considera esta una fiesta de mujeres, en la que son ellas las protagonistas. La víspera, destaca la gran luminaria de Povedilla, donde la santa es patrona. También se enciende hoguera este día en Alcázar de San Juan.

Se ha presentado oficialmente el I Fin de semana “Daimiel, pueblo de brujas”, que organiza la Asociación Turística Tablas de Daimiel (en el que he participado como asesor). Va a haber conferencias, una visita teatralizada a las Tablas al anochecer (en medio de una de las islas pantanosas), cena tematizada, queimada…

PROGRAMA:

En Senderos Ocultos se puede conseguir una camiseta tematizada para la ocasión con una ilustración del pintor daimieleño Juan Gallego.

En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
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