Aunque el calendario litúrgico señala el 2 de noviembre como Día de Difuntos, y en él se recuerda y conmemora en favor de las ánimas del purgatorio, hay una antigua costumbre en la Mancha de celebrar fiestas y bailes de ánimas en tiempos de Carnaval. Se trata de prácticas que mezclan usos mundanos y rituales religiosos, y se engloban dentro del ciclo de festividades invernales.

bailes de ánimas

Baile de Ánimas de Daimiel – Imagen tomada de manchainformación.com

La devoción a las ánimas benditas fue un culto impulsado de manera especial por las órdenes religiosas después del Concilio de Trento. En villas y aldeas comenzaron a aparecer las cofradías o hermandades de ánimas que, con el tiempo, fueron cobrando protagonismo en la celebración de los carnavales a medida que las fechas de las dos celebraciones comenzaron a coincidir, algo que se hizo patente a partir del siglo XVIII.

De este modo, se hizo normal en los pueblos manchegos celebrar ofertorios o misas para las ánimas del purgatorio justo antes o durante el Carnaval, así como procesiones de las cofradías y bailes. Todo esto tenía mucho de recaudatorio: subastas, bailes «pujados» y limosneros que recorrían las calles servían para conseguir dinero para misas y velas.

Lo normal es que primero tuviese lugar un pasacalles en el que se anunciaban los cultos y se pregonaban los bailes. Se solía desfilar al son de los tambores portando unas banderas que luego se ondeaban y se «bailaban».

Pero lo más esperado, sin duda, eran los bailes pujados. Clemente Díaz ya los describía en el Semanario Pintoresco Español, en la primera mitad del XIX. Cuenta que, en la casa en la que se celebraba el baile, se preparaba una sala grande bien iluminada por velones y candelas, con largas filas de sillas formando un corro que rodea el espacio de baile, y una gran mesa con viandas: torrados, pasas, higos, tortas de cañamones con miel y abundante vino. Allí llegaban las autoridades y la presidencia de la cofradía y, sobre todo, los mozos, que pujaban y entregaban los «cuartos» a las ánimas para bailar con las muchachas que más les caían en gracia, y que acudían vestidas con sus sayas de color, basquiñas negras, mantellinas de estameña forradas de terliz encarnado y castañas de pelo en la cabeza. El limosnero de ánimas se encargaba de guardar el dinero en la espuerta de las ofrendas, y voceaba en voz alta cosas como «¿Quién puja, señores, quién puja?, ¿quién quiere bailar con Antonia, la Calcetera? Cuatro cuartos dan por ella. ¿Quién puja, quién puja?».

Se podía pujar por bailar con alguien o por impedir que otros bailaran. Cuando se daba el caso de que había varios muchachos encaprichados de una misma joven se podía llegar a llegar a auténticos piques y rivalidades. Y así bailaban, y las jotas y rondeñas se sucedían hasta que el procurador del común suspendía momentáneamente el baile para que se tomasen las viandas.

«-Hermana, dígame V. ¿quién ha pujado a la Juanchica que se está puniendo ahora las castañuelas para bailar?

-¡Buena pregunta! ¿Quién ha de ser sino su novio, el cuñado de Coleta el Sr. alcalde?»

En algunas localidades eran estas celebraciones las más importantes del Carnaval. Y esta tradición sigue todavía muy viva en pueblos como Villanueva de los Infantes, Villafranca de los Caballeros, Herencia, Almedina o Miguel Esteban, donde aún procesionan las cofradías, se bailan las banderas o se celebran bailes pujados en los que los capitanes o animeros mayores, según el lugar, son los encargados de dirigir las pujas y vigilar que se cumplan las normas e imponer multas si fuese necesario.

Un caso especial es Albadalejo, donde tiene lugar la Danza de Ánimas, en el que los danzantes bailan con espadas o «visten la vara», que es bailar alrededor de un palo largo mientras cada uno porta una cinta, de manera que esta se enrolla y desenrolla en espiral.

Recreacón del Baile de Ánimas en Daimiel

Recrear el Baile de Ánimas que se celebraba en Daimiel, perdido desde finales del XIX, era el objetivo común de la Asociación Folclórica Virgen de las Cruces y el historiador del arte Jesús Sánchez Mantero: poner en valor esta parte del patrimonio cultural inmaterial de Daimiel. Y lo han podido hacer este fin de semana. Era una idea que surgió a partir de una ponencia del año pasado de Sánchez Mantero sobre un aspecto del Carnaval; en ella se mencionaba esta tradición, y algunos se sintieron intrigados por ella.

El baile que tuvo lugar este viernes pasado en el Espacio Fisac es el resultado de las investigaciones que se han llevado a cabo. Un día antes, Jesús Sánchez Mantero se ocupaba de explicar la parte teórica en una conferencia que tuvo lugar en el Museo Comarcal.

Data del año 1640 la aprobación de una cofradía de las ánimas que desfilaba por las calles de Daimiel recaudando dinero que después entregaban a los clérigos para ofrecer sufragios por las ánimas del purgatorio. Con el paso del tiempo apareció el baile, que precedía al Carnaval y cuya finalidad era recaudar fondos para velas y misas a las ánimas benditas.

Gracias a las investigaciones realizadas en el Archivo Municipal, se ha podido reproducir de manera bastante fidedigna cómo tenía lugar este evento, sobre todo con la información extraída de periódicos antiguos como El Eco de Daimiel. La música, los bailes que se hacían, las pujas, el desfile de la cofradía de los Rotos con el que se anunciaba… Precisamente, antes del baile del viernes también se hizo una recreación de este desfile, en el que se sacaron a pasear las banderas al son del tambor mientras se pregonaba el evento.

La noticia sobre la puesta en escena de este Baile de Ánimas puede leerse aquí

Fuentes
Díaz, Clemente: «El baile de ánimas» en Semanario Pintoresco Español, 2 de octubre de 1836
Maldonado Felipe, Miguel Antonio: «La Jota “pujá” de Miguel Esteban» en Revista de Folklore, nº407, 2016
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En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
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