Mi entrada original en La cruz del diablo

Nuberos en los molinos manchegos

Nuberos, ilustración de Juan Gallego

Se denomina nubleros, nuberos, nublaos, ñublaos, reñuberos o «seres regulares» -según la región o comarca de la Península- a unos seres mágicos, unos espíritus maléficos de carácter elemental, etéreos, inconstantes, dicharacheros, de aspecto mal encarado y feo, que son los responsables de todos los fenómenos atmosféricos. Manejan a su antojo la lluvia y las nubes, las llevan donde quieren, provocan tormentas, granizo, y lanzan rayos y centellas donde les viene en gana. Es creencia bastante extendida que estos seres van encima de las nubes, arrastrándolas y que actúan en grupos o manadas. Los nublados y tormentas se producen cuando las distintas tribus de diablos luchan entre sí.

En las regiones cantábricas tienen un carácter más siniestro, y se les tiene temor por los destrozos que producen. Se les atribuyen las terribles noches de tempestad y aguaceros y les hacen responsables de las galernas del Cantábrico. Los campesinos castellanos y leoneses también los temen, porque son los que fabrican las pedrizas que arruinan las cosechas. Por eso surgieron personajes, en muchas ocasiones curas de los pueblos, que se dedicaron a conjurarlos mediante oraciones o fórmulas mágicas. No es raro encontrar en algunos lugares «conjuraderos» de nublaos o reñuberos.

Hay que constatar, también, que los denominados ñublaos son de naturaleza más pacífica, incluso benéfica, y que a veces gratifican con buenas cosechas a los agricultores que han sido amables con ellos. En algunas comarcas de la mancha occidental son conocidas como nuberos numerosas aves, quizá dotando de la capacidad de polimorfismo a estos seres. La más famosa de ellas es mirlo común.

Para saber más:
Jesús Callejo: Gnomos. Guía de los seres mágicos de España.

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En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
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