Tierra de don Quijote

Lince y oso panda

Ilustraciones de Mónica González

El lince es el felino más amenazado del mundo; desde 1990 está incluido en la categoría “En Peligro de Extinción” del Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Aunque su hábitat se extendía, antiguamente, por la mayor parte de la Península, en la actualidad prácticamente se reduce a Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía, donde se encuentra la mayor parte de los ejemplares que viven en libertad y de los criados en cautividad. En Castilla-La Mancha se sabe que el lince está presente en Sierra Morena y en los Montes de Toledo. Hace 25 años había unos 400 individuos, y su número no ha hecho más que mermar desde entonces hasta hacerse crítico. De ahí los intentos del programa life+Iberlince para reintroducir la especie en la región mediante sueltas controladas.

Tradicionalmente, el lince ha sido un animal perseguido y cazado con lazos y cepos. En la actualidad, la intensificación de la actividad cinegética en la grandes fincas ha derivado en la alteración artificial de la fauna y la vegetación de estas grandes áreas valladas. Esto ha provocado, en general, una drástica disminución de la población de conejos en beneficio de las especies de caza mayor. A eso hay que añadir mortíferas epidemias como la mixomatosis y la hemorragia vírica. Debido a que está muy especializado en su alimentación, pues caza casi exclusivamente conejos, el lince se ha visto gravemente afectado por esta situación. Por otro lado, los atropellos se han convertido en la mayor causa de mortalidad no natural.

Mónica González, Ilustradora

Mónica González es una ilustradora daimieleña especializada en ilustración infantil. Licenciada en Bellas Artes, trabaja como freelance y en la actualidad también forma parte del proyecto Naturaletra. Le gustan los animales y disfruta creando personajes.

Podéis disfrutar de más ilustraciones suyas en su blog personal y en su pinterest.

Fuentes

http://www.iberlince.eu
http://www.lifelince.org

Quizá no sean tan elegantes como el carnaval de Venecia, ni tan multitudinarios como el de Río, pero a los carnavales manchegos no les falta ni tradición ni diversión.

Carnavales manchegos de Tarazona

Tarazona de la Mancha, fotografía de Jesús Ruiz Bueno

Carnaval de Villarrobledo

Es la festividad más importante de la localidad, considerada Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 2011. Se trata de un carnaval antiguo del que ya hay referencias en los siglos XVI y XVII en diversas cartas y documentos. En 1869 se hace mención directa de la celebración de bailes de carnaval. Durante mucho tiempo funcionaron, paralelamente, un carnaval de salón, burgués, y un carnaval callejero, popular. Durante el primer tercio del siglo XX, estas celebraciones alcanzaron cierto renombre a nivel nacional. Durante la prohibición de la dictadura, se llegó a solicitar un permiso especial al gobernador civil de Albacete para poder seguir con la celebración de los bailes de carnaval.

El de Villarrobledo es un carnaval largo; popularmente se dice que es una fiesta de diez días que dura once. Y no termina con el tradicional entierro de la sardina; precisamente, los días posteriores son los más fuertes. Estos carnavales son muy participativos, y todos los días se puede encontrar gente disfrazada a cualquier hora y en cualquier lugar, incluso atendiendo sus negocios. Por supuesto, no faltan los desfiles adultos e infantiles, los concursos de murgas y chirigotas, y todas las noches hay baile.

El Jueves Lardero (el anterior al Domingo de Carnaval) se da la bienvenida a la fiesta con la denominada “llegada de los juanes” (juanes es el nombre que se da en la zona a una especie de cuervo). Este día, la gente se disfraza de aves que a su vez van disfrazadas de otra cosa. Se suele elegir una temática para el disfraz, pero es obligatorio que todo el mundo lleve puestos su pico y sus garras de juan. De todos modos, el comienzo oficial tiene lugar al día siguiente, con el pregón y el concurso de murgas y chirigotas en el Gran Teatro.

El Sábado de Carnaval desfilan los grupos y comparsas locales y el Domingo de Carnaval tiene lugar el primer desfile infantil. El carnaval infantil de Villarrobledo fue pionero en España y ha alcanzado gran reconocimiento por su espectacularidad. Participan todos los colegios de la localidad, y en los desfiles se llega a superar el millar de participantes. Estos días hay chocolatadas, concursos y talleres para niños.

Los dos días siguientes tienen lugar dos celebraciones peculiares y distintivas de estos carnavales. El lunes nos encontramos con el tradicional mercadillo del carnaval; y el Martes de Carnaval, al anochecer, las peñas, comparsas y grupos se dedican a representar escenas populares manchegas, en las que no faltan productos y platos típicos. Eso sí, la interpretación de los distintos trajes folclóricos es bastante libre, a gusto del que se disfraza.

El miércoles tiene lugar el entierro de la sardina, aunque se tiene muy presente que aquí no significa el final del carnaval y que queda todavía fiesta para rato. Se siguen sucediendo los bailes, y la noche del Segundo Jueves de Carnaval tiene lugar el concurso de bodas, uno de los eventos diferenciadores de estos carnavales. Nos encontramos por las calles con innumerables cortejos nupciales, banquetes y ceremonias. Se puede parodiar bodas famosas, del pueblo o de todo el mundo, pero también tienen lugar esta noche los enlaces más disparatados que podamos imaginar, siempre buscando la risa y el disparate: se casan sillas con mesas, coches con coches, farolas con bancos…

El Segundo Viernes de Carnaval, fiesta local, los niños vuelven a ser los protagonistas con su desfile, y el Segundo Sábado tiene lugar el gran desfile regional, al que acuden peñas y grupos de diversos lugares de la Mancha. La fiesta termina con el Domingo de Resaca, en el que tiene lugar un gran concurso de gachas manchegas: propios y extraños pueden deleitarse degustando la gastronomía local antes de enfrascarse de lleno en la Cuaresma.

Carnaval de Miguelturra

Se trata de uno de los carnavales con más solera de Ciudad Real, tan arraigado, que los vecinos se saltaron las diversas prohibiciones establecidas tras la Guerra Civil, y más de uno corrió por aquellas fechas dando esquinazo a serenos y guardiaciviles. Son elementos fundamentales las murgas, comparsas, estudiantinas y, en tiempos más recientes, las diversas peñas. Pero la verdadera seña de identidad del carnaval de Miguelturra es la máscara callejera. Un antifaz y un trapo en la cara, ropas olvidadas en los armarios de los abuelos, sacos, botas viejas, sombreros… y ya se puede salir a la calle a asaltar a los viandantes con el grito, siempre con voz de falsete, de “¡A que no me conoces!”. Sencillez y provocación a partes iguales, las máscaras “dan la broma”, alborotan entre la muchedumbre, incitan a los mozos, molestan a las parejas, siempre escudadas en su disfraz y esperando no ser reconocidas.

Destaca en Miguelturra el gran desfile del Domingo de Piñata. Antaño salían carros engalanados y, en la actualidad, el desfile de carrozas se ha convertido en uno de los más importantes de la región, por la cantidad de participantes y la calidad de sus propuestas.

No faltan estos días los diversos concursos de máscaras, de murgas y chirigotas y de coplas. Cabe destacar el concurso de las tradicionales frutas de sartén (rosquillas, barquillos, borrachuelas, flores y roscapiñas). Hay también concursos especiales, más modernos, como el de drag queen o de disfraces con materiales reciclados.

Los bailes de máscaras, el entierro de la sardina, las murgas y estudiantinas, también contribuyen a aumentar la fama de estos carnavales, que han sido declarados de interés turístico regional. Sigue leyendo

hogueras

Con la fiesta de santa Águeda, y a falta solo del carnaval, se puede dar prácticamente por finalizado el ciclo de fiestas invernales. San Antón, san Blas, santa Brígida…; las hogueras se propagaron estas últimas semanas por diversos barrios y municipios manchegos.

Hogueras o luminarias, antorchas y fuegos artificiales, velas y hachones: el fuego es el elemento clave en estas celebraciones; fuego profano y fuego sagrado que se mezclan en las fiestas de invierno. Desde la antigüedad pagana, el fuego ha sido considerado, por un lado, un elemento protector; las luminarias nocturnas servían para alejar maleficios y malos espíritus. Por otro lado, el fuego simbolizaba la purificación y la regeneración. En realidad, se trata de la dicotomía destrucción-renovación: el fuego voraz y destructivo que abrasa y consume los elementos nocivos y el fuego que alimenta la vida, elemento regenerador para personas y animales, plantas y cultivos.

Así pues, las hogueras constituían rituales de renovación que propiciaban el paso del invierno a la primavera, y rituales de purificación, para quemar lo impuro, lo viejo, para acabar con todo lo maligno. Todavía en la Edad Media, los castellanos atribuían al fuego propiedades mágicas y purificadoras, y se seguía usando como protección o para ahuyentar el mal. Pero ya la Iglesia primitiva, en su lucha contra el paganismo, había hecho coincidir estas fiestas del fuego con episodios de la vida de Cristo y la Virgen, o con las celebraciones en honor de ciertos santos. Por eso suelen ser fiestas de barrios y ermitas; ermitas que proliferaron extramuros de las villas durante la Edad Moderna hasta que fueron absorbidas, poco a poco, por los núcleos urbanos. Por esta razón, también son conocidas en diversas localidades manchegas como fiestas de los “santos viejos”, que anteceden a los carnavales. Con el entierro de la sardina y la quema de doña Sardina termina este ciclo de fiestas, hogueras y desenfreno. Este último fuego, y la ceniza del Miércoles de Ceniza, ejemplifican esa purificación necesaria, después de tantos excesos, para pasar a la Cuaresma.

Santos, vírgenes y hogueras

17 de enero, san Antón. La fiesta de San Antonio Abad, el primero de los eremitas, es de las más extendidas en la Mancha, así como sus hogueras y luminarias. Seguramente fue en sus inicios una fiesta pagana, como tantas otras, y muestra todos los rasgos típicos de una celebración del solsticio de invierno: las hogueras, la bendición de bestias y ganado, y la quema de de cosas viejas. Aunque el tradicional sorteo del “guarrillo de san Antón” se ha perdido en muchos lugares, lo que no falta en casi ninguna localidad son las hogueras nocturnas, ya sea en la víspera o el mismo día. En algunos pueblos, como Almagro, también está extendida la costumbre de salir a quemar los trastos viejos. La degustación de distintos alimentos o de “limoná” alrededor de las hogueras es algo que también se repite mucho.

20 de enero, san Sebastián. Muy venerado por toda la geografía española, en la Mancha celebran con hogueras su festividad localidades como Alcázar de San Juan, Villanueva de los Infantes, Santa Cruz de Mudela, Campo de Criptana o Almodóvar del Campo.

24 de enero, la Virgen de la Paz. Esta advocación mariana fue la responsable, según la leyenda, de restablecer la paz en la ciudad de Toledo cuando, tras de la conquista por Alfonso VI, hubo disturbios entre cristianos y musulmanes, enfrentados por la posesión del principal templo de la ciudad. Finalmente, y gracias a la intervención de la Virgen, los cristianos tomaron posesión del templo el día 24 de enero. Festejan este día con hogueras importantes Daimiel, Campo de Criptana y Manzanares, entre otros pueblos.

1 de febrero, Santa Brígida. Santa irlandesa, santa Brígida fue fundadora del primer monasterio de aquella isla. Aquí en la Mancha, se celebra con hogueras su fiesta en algunos lugares como Almadén, donde nos encontramos con la Lumbre de santa Brígida.

2 de febrero, día de la Candelaria. Su propio nombre, “día de las candelas” ya evoca el papel central del fuego en esta festividad. La Virgen de la Candelaria es una advocación mariana que recuerda la presentación de Jesús en el templo, el encuentro con Simeón y Ana, y la purificación ritual de María (algo que podemos relacionar con la capacidad purificadora del fuego de la que hemos hablado antes). Es posible que esta fiesta esté remotamente emparentada con las lupercales romanas. Se trata de un día que se encuentra justo en el ecuador del invierno, y para el pueblo campesino siempre ha significado el fin de las largas noches, el tránsito hacia la primavera y el comienzo del año agrícola. Encontramos hogueras y luminarias en Pozuelo, Almagro, Brazatortas, Puertollano, Bienservida o Alcaraz. En Villamayor de Calatrava, la víspera se celebra el denominado Candelicio: los niños recorren todas las luminarias del pueblo haciendo sonar sus cencerros.

3 de febrero, san Blas. Eremita y obispo de Sebaste, san Blas fue martirizado durante las últimas persecuciones de cristianos, en el siglo IV. Se dice que poseía el don de la curación milagrosa. Se celebra su día con hogueras en Tarazona de la Mancha y Manzanares. También debemos mencionar las luminarias de Bienservida.

5 de febrero, santa Águeda. Santa Águeda de Catania fue una virgen mártir que fue torturada y ejecutada por el procónsul de Sicilia porque esta había entregado su virginidad a Jesucristo y no atendía sus requerimientos amorosos. Antes de lanzarla a las brasas y arrastrarla por la ciudad, ordenó que le cortaran los pechos. Por eso se considera esta una fiesta de mujeres, en la que son ellas las protagonistas. La víspera, destaca la gran luminaria de Povedilla, donde la santa es patrona. También se enciende hoguera este día en Alcázar de San Juan.

Tablazo

Tablazo

paisaje carrizos

Carrizal del Prado Ancho

Carrizos en el cauce

Carrizos

Tarayes

Tarayes

Paisaje laguna desde el observatorio

Desde el observatorio

Carrizos en el tablazo

Carrizos en el tablazo

Árbol en la ribera de las Tablas

Árbol en la ribera

pasarela

El guardián de la pasarela

Desde hace ya casi cuarenta años se viene celebrando el Día Mundial de los Humedales cada 2 de febrero. Celebrar este día en la Mancha húmeda tiene un significado especial, ya que en las últimas décadas hemos estado a punto de perder esta importante reserva de la biosfera compuesta de gigantescos acuíferos y lagunas, de zonas pantanosas o inundadas como el parque nacional de Las Tablas de Daimiel, o de fenómenos tan extraordinarios como los Ojos del Guadiana.

Demasiada conocida es la sobreexplotación del acuífero 23, los encauzamientos y desecaciones de ríos y riberas, de charcas y lagunas, la proliferación de pozos ilegales y de cultivos incompatibles con una zona de secano como esta. Solo la actuación de la propia naturaleza en el último momento, con unos años de lluvias abundantes, ha evitado el desastre absoluto, cuando el propio parque nacional sufría un incendio subterráneo que los expertos consideraban inextinguible.

En la Mancha, topónimo de origen árabe que tenía el significado de “tierra seca”, una zona de la Meseta caracterizada por las temperaturas extremas y la escasez de agua, todos estos humedales se convierten en un oasis para tantas y tantas aves migratorias que sobrevuelan el cielo peninsular buscando un lugar donde criar o pasar el invierno. Gracias a ellos se han constituido ecosistemas de gran riqueza faunística y botánica. Una riqueza ecológica que es necesario proteger y dar a conocer. De ahí la importancia de la celebración de este día.

Juan Gallego, acuarelista

Juan González-Gallego Espinosa es un acuarelista daimieleño con gran parte de su obra vinculada a la naturaleza, en especial a la de su tierra. Sus acuarelas nos muestran paisajes de Las Tablas, del Guadiana, el Gigüela, el Azuer, las lagunas de Ruidera, de los molinos de agua o del castillo de Calatrava la Vieja… Esta selección de obras es un buen ejemplo. Pertenecen a su exposición Mis vivencias en Las Tablas de Daimiel, y recoge instantáneas del humedal después de las abundantes lluvias de los últimos años. Desde luego, son mucho más alentadoras que otras con las que el artista denunciaba, a través de sus pinceles, la situación de extrema sequía del acuífero, de los ríos y del propio parque hace quince o veinte años o la aparición de turberas y de incendios subterráneos.

Miguel de Cervantes

Es muy posible que este fin de semana se hayan encontrado, por fin, el lugar en el que descansan los restos mortales de Miguel de Cervantes. El hallazgo ha tenido lugar en la cripta principal del convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, después de nueve meses de intenso trabajo de exploración y limpieza por parte de un equipo multidisciplinar de historiadores, arqueólogos, técnicos y antropólogos forenses.

Se sabía que los restos del escritor descansaban en una tumba del convento, ya que él mismo había solicitado ser enterrado allí debido al vínculo especial que sentía con los trinitarios, artífices de su rescate de Argel. En un principio, la tumba estaba debidamente señalizada pero, tras una ampliación del convento en 1673, sus restos fueron trasladados y enterrados en otro lugar junto con los de otros finados, en tumbas sin nombre. Y así quedaron, anónimos y mezclados, siglo tras siglo.

El equipo hizo, en un principio, una exploración con georadar en la iglesia, gracias a la cual se pudieron delimitar cinco zonas con posibles enterramientos. Se decidió actuar en la cripta, donde se encuentran una treintena de nichos. Se trabajaba con la hipótesis de que los restos de Cervantes hubiesen sido trasladados de su tumba inicial a uno de esos nichos. El sábado se comenzó con el trabajo de exploración de las sepulturas mediante endoscopia, tras practicarles pequeñas perforaciones.

Las microcámaras han ayudado a encontrar, mezclado con restos de enterramientos posteriores, un féretro en muy mal estado con unos remaches metálicos que forman las letras MC. Como son varios los cuerpos en el nicho, los antropólogos han comenzado a retirar restos para analizarlos y tratar de dar con los de un varón anciano de mano atrofiada y restos de plomo, vestigios de los arcabuzados recibidos en el brazo y en el pecho durante la batalla de Lepanto.

Será difícil llegar a conclusiones definitivas, ya que no se pueden realizar identificaciones de ADN con descendientes reconocidos, y es difícil dar con los restos de algún pariente. Habrá que fiarse de este tipo de pruebas circunstanciales.

Hatzfeld, que estudió el Quijote desde una perspectiva estilística, ve ocho motivos recurrentes que articulan la trama de la obra. Cuatro se refieren a don Quijote como caballero andante, otro es la dicotomía cuerdo-loco, dos son sobre Sancho Panza, y el último motivo trata sobre el encantamiento. Por supuesto, hay más motivos, pero a estos son a los que más recurre Cervantes.

Don Quijote y Sancho Panza

Grabado de Gustave Doré

La misión caballeresca

Sin ninguna duda, el motivo principal del Quijote es la misión caballeresca. «Enderezar entuertos y desfacer agravios» es el principal hilo conductor de la obra. Para eso sale don Quijote a los caminos. De este motivo derivan todos los demás.

El motivo de la alabanza de Dulcinea. La relación de don Quijote con su dama articula buena parte de la obra: combates para mayor gloria de su señora, encanto y desencanto de Dulcinea, penitencia de Sancho Panza, retiro de don Quijote en Sierra Morena, mensajes y embajadas a través del criado… Como buen caballero, don Quijote destaca en su dama las cualidades del amor cortés.

Los motivos del sosiego del caballero y de la cólera del caballero. La antítesis es fundamental en la obra. En realidad, don Quijote aguarda sus lances con sosiego y reserva la cólera para cuando no creen en él.

Sancho Panza

Hay un par de motivos que se centran en el escudero de don Quijote. En primer lugar, tenemos la avaricia y ambición de mando de Sancho, y sus amenazas con volverse. Su obsesión por obtener el gobierno de esa «ínsula», sus intentos de conseguir botín tras algunos lances, las eternas promesas de don Quijote, la recompensa que le ofrecen los duques (en los capítulos dedicados al gobierno de la Ínsula Barataria el protagonista pasa a ser Sancho)…

En segundo lugar, tenemos la antítesis Quijote-Sancho. Los diálogos entre estos dos personajes tan opuestos son parte fundamental de la novela. Se opone el idealismo del amo al materialismo del criado, tenemos la educación formal frente a la cultura popular…

La locura de don Quijote

Del motivo caballeresco se deriva el motivo cuerdo-loco. De nuevo encontramos la dicotomía, la antítesis. El hidalgo manchego anda siempre a caballo entre la realidad y la alucinación, entre la locura y la sensatez. Pero hay que aclarar que la locura de don Quijote es una monomanía, una monomanía caballeresca. De ahí sus acciones, su forma de hablar, su constante búsqueda en el mundo real de elementos del mundo de las novelas de caballerías. Sin embargo, fuera de su monomanía, don Quijote actúa de una manera sensata, como una persona culta y discreta capaz de dejar a todos boquiabiertos con su discurso en la venta.

Vivir su vida tratando de seguir el código de los libros de caballerías llevan a don Quijote a enfrentarse con la realidad. Pero, si en la primera parte el héroe busca la más mínima analogía en el mundo real para sostener ese mundo de fábula en el que se mueve, en la segunda es la realidad la que se ve transformada al margen de la voluntad de don Quijote: Sansón Carrasco se disfraza de caballero, los duques montan el episodio de Clavileño…

Por último, como octavo motivo tenemos el encantamiento, que sirve para justificar lo acontecido cuando el hidalgo se da de bruces con la realidad. Pero los encantamientos también sirven como desencadenante de peripecias, sobre todo en la segunda parte, o directamente ocupan capítulos enteros, como ocurre con el episodio de la cueva de Montesinos.

 

Fuentes

HATZFELD, Helmut: El Quijote como obra de arte del lenguaje, CSIC

http://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/introduccion/default.htm

Este artículo también puede econtrarse en Steemit, donde publico bajo el usuario @iaberius (Javier “Iaberius” Alcaraván).

logotipo Quijote

Gigantes, logotipo de Ana María Escribano

Ayer, 8 de enero, se presentó oficialmente el logotipo del IV Centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote. Gigantes, como se denomina el logo, es obra de Ana María Escribano, y ha sido seleccionado mediante un concurso. El jurado, entre cuyos miembros se contaban reconocidos diseñadores, ha tenido que elegir entre las sesenta y nueve propuestas de estudiantes de Bellas Artes y de Diseño de Castilla-La Mancha, ya que lo que se buscaba con el concurso era hacer visibles a los jóvenes talentos de la región.

Ana María Escribano, estudiante de la Escuela de Artes de Talavera de la Reina, se ha decantado por una representación sencilla y esquemática que interpreta el episodio de los molnos de viento, seguramente el más conocido de la obra, pero que también sugiere las formas de un campo manchego.

El propio Gobierno de Castilla-La Mancha va a actualizar su imagen corporativa en torno a este logotipo para celebrar este centenario y el del próximo año, el 2016, en el que se cumplirán 400 años de la muerte de Cervantes.

 

[…] no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero […]

Es fácil ubicar esta frase en el comienzo de novela más famoso del mundo. Un astillero, como define el diccionario de la RAE, era una percha en la que se ponían las astas, las picas y lanzas. Derivado, seguramente, de «astil» o «astilla», su etimología podría proceder de las palabras latinas hasta o hastile.

astillero con armas colgadas

Astillero, grabado de Ludovico Melzo, Regola militare sopra il governo e servizio particolare della cavalleria, Amberes, 1611

Astillero, para las astas

Cuando menciona el astillero, o la «adarga antigua», justo al inicio del Quijote, Cervantes está reforzando, desde esa primera definición del protagonista, la idea de que Alonso Quijano (Quijada, más bien, en la primera parte), es el típico hidalgo de aldea situado en lo más bajo del escalafón de la jerarquía nobiliaria. Una nobleza venida a menos, muy lejos ya de aquella nobleza guerrera que terminó por desaparecer con la toma de Granada y el fin de la Reconquista. Los grandes nobles se convirtieron en cortesanos y terratenientes, y esta pequeña nobleza se había quedado estancada. Su mayor ambición era conservar su clase y su honra, aunque eso les llevase a una existencia miserable, como le pasa al hidalgo del Lazarillo. Para ellos, la única manera de medrar era pasar a las Indias o enrolarse en ese nuevo ejército que se había ido profesionalizando desde finales del siglo XV.

El hidalgo Quijada subsiste de lo que le da un poco de tierra y unos cuantos animales, sin lujos pero sin pasar tampoco apuros, con el único beneficio, por su linaje, de estar exento de pagar impuestos o de tener que avituallar a las tropas de paso. Mata el tiempo con la caza y la lectura. Y el astillero es reminiscencia de ese pasado guerrero y glorioso de sus tatarabuelos; un pasado casi olvidado, que don Quijote trata de rescatar con su locura.

 

Esta entrada también la he publicado en Steemit.

En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.

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