Tierra de don Quijote

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La acción continúa el trabajo iniciado por Medio Ambiente en 2001, con su política de adquisición de parcelas agrícolas de regadío para reducir las extracciones de agua en el entorno del espacio natural.
Un programa de reforestación recuperará la vegetación de bosque mediterráneo que tradicionalmente ha rodeado al Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel (Ciudad Real).

El proyecto pretende incrementar la biodiversidad del espacio natural, enclavado en plena Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda, plantando hasta 30.000 ejemplares de especies forestales en antiguas parcelas agrícolas.
La iniciativa, puesta en marcha por Coca Colay WWF, cuenta con la colaboración del Organismo Autónomo Parques Nacionales del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, pretende minimizar la afección negativa que para el ecosistema acuático del espacio protegido tiene la agricultura de regadío intensivo en el territorio.
Coca Cola y WWF se ha propuesto reforestar en tres años un total de 45 hectáreas de terreno pertenecientes al parque nacional y que forman parte de las últimas adquisiciones de fincas realizadas en los últimos años.
La acción continúa el trabajo que el OAPN se marcó como línea de trabajo prioritaria en 2001, cuando comenzó su política de adquisición de predios agrícolas de regadío en la zona de protección de Las Tablas de Daimiel con objeto de reducir las extracciones de agua en su entorno.
Desde el año 2001, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha adquirido 1.904 hectáreas de terreno en el entorno inmediato del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, donde ha logrado rescatar algo más de 4,4 hectómetros cúbicos de agua con una inversión aproximada de 28,5 millones de euros.
Hasta ahora, se ha reforestado una superficie cercana a las 500 hectáreas, lo que ha supuesto la plantación de cerca de 300.000 ejemplares de especies forestales como el Quercus ilex, Quercus coccifera, Rosmarinus oficinales, Rtama sphaerocarpa, Rhamnus lyciodes, Pistacia terebinthus y Phillirea angustifolia.

Lo vi hace unos días, cuando conducía hacia Villarrubia. Aunque apenas pude fijarme por el rabillo del ojo, me llamó mucho la atención y se lo comenté a mi pareja: “¿Será agua encharcada o vuelve a ser el Guadiana?”. Por fin otra buena noticia.
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El País – 31/03/2012

Parece un simple charco, un charco grande en mitad de un campo de cebada. A cualquiera que pase por la carretera de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real) a Daimiel sin conocer la apasionante y triste historia de La Mancha Húmeda no le parecerá más que eso. Apenas le llamará la atención. Sin embargo, ese charco es la prueba de la espectacular recuperación del acuífero del alto Guadiana por las lluvias de los dos últimos años. Ese charco es un nuevo ojo del Guadiana, el primero desde que, en 1984, el agua dejó de manar tras décadas de sobreexplotación. Puede que no dure más que unos meses, y es más que probable que el agua no llegue a correr cauce abajo, pero da esperanza de recuperar un ecosistema único y castigado durante más de medio siglo.
En diciembre pasado, Alfonso Queipo de Llano, observó con asombro cómo en el campo de cebada que su familia tiene en el cauce del Guadiana surgía agua. “Pensamos que podía estar roto nuestro pozo o que teníamos un problema en la bomba”, cuenta. Sin embargo, y a pesar de la falta de lluvias, el charco fue creciendo. Él es dueño del Molino de Zuacorta, una de las decenas de instalaciones usadas durante siglos gracias a los caudalosos ríos de la zona, y que ahora se asoman a un paisaje polvoriento. Queipo de Llano cuenta que hace 35 años su suegro, quien compró la tierra, sí “hablaba de que en la tierra había humedad”.

El charco de sus tierras no es un caso único. A dos kilómetros, al Este, en el paraje conocido como El Rincón, han aparecido otros encharcamientos, aunque más pequeños. ¿Sería posible que todos ellos fuesen ojos del Guadiana? ¿De esos de los que hablan los libros de texto y que dejaron de manar en los ochenta? Un ojo, o un ojillo, es cualquier lugar en el que rebosa el acuífero 23 (la enorme bolsa de agua bajo Ciudad Real), no es un punto concreto.
En enero, Miguel Mejías, responsable de Hidrogeología del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), recibió otra sorprendente llamada desde el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, a solo unos kilómetros. Querían que fuera a ver el sorprendente charco. “El año anterior hubo algunos afloramientos de agua cauce abajo, pero concluimos que era de la escorrentía de las abundantes lluvias. Esta vez no era posible, porque no ha llovido”, explica Mejías en su despacho en Madrid. Mejías concluyó el pasado 3 de febrero un informe para la Confederación Hidrográfica del Guadiana que constata “la aparición de estos nuevos ojos en zonas que probablemente no fueron las últimas en desecarse a mediados de los ochenta”. Él, que lleva 15 años estudiando la zona, se sincera: “Pensé que yo me iba a jubilar sin verlo”.

Lo que ha ocurrido es que las enormes lluvias de los cursos 2009-2010 y 2010-2011, un 50% por encima de la media, siguen filtrándose al subsuelo. Es como si uno echase agua sobre una esponja descomunal. El sistema tiene una inercia que hace que suelte agua aún mucho después de cerrar el grifo. Por eso, un año después de que cesaran las lluvias, el acuífero sigue subiendo. Es lo que se conoce como “recarga plurianual”, lo que hacía que antiguamente las Tablas de Daimiel tuviesen siempre agua, incluso en periodos secos. El agua subterránea empieza a brotar en los ojos a partir de los 610 metros sobre el nivel del mar y el 30 de marzo pasado estaba a 609,75.
La zona en la que ha aparecido el encharcamiento más grande está un par de kilómetros cauce abajo del cartel de los ojos del Guadiana, en una mínima depresión, quizá producida por la roturación de tierras o por la combustión de la turba. El informe del IGME sobre los “encharcamientos de agua aparecidos en el entorno de los ojos del Guadiana”, de 11 páginas, explica que, “aunque todavía no se han alcanzado las condiciones hidrológicas necesarias para recuperar el esquema natural de flujo”, porque el agua no mana, “la situación actual supone la mejor de los últimos 28 años”. Mejías explica: “Si este hubiese sido otro año húmedo veríamos correr el Guadiana por su cauce”.
Los nuevos ojos son una de las pocas buenas noticias que el humedal ha recibido desde que en 1956 Franco promulgó la “ley sobre saneamiento y colonización de los terrenos pantanosos a los márgenes de los ríos Cigüela y Záncara”. La norma convertía “terrenos incultos de carácter pantanoso o encharcadizo” en regadío. Los ingenieros se empeñaron con éxito en desecar los terrenos.
En 1973, el Gobierno declaró las Tablas de Daimiel como parque nacional, la máxima figura de protección. Parecía como señalar una pista de esquí en medio del desierto. El enorme acuífero siguió sobreexplotado durante décadas por miles de pozos (muchos de ellos ilegales) y llegó a estar, en 2008, a 35 metros de profundidad. En el peor momento, el déficit acumulado rondaba los 3.750 hectómetros cúbicos. Para dar la medida de la situación, hay que tener en cuenta que los embalses de Entrepeñas y Buendía (Guadalajara), los dos enormes pantanos de los que parte el trasvase al Segura, tienen una capacidad máxima de 2.474 hectómetros. Así que el déficit de más de 3.000 hectómetros parecía imposible de recuperar.
La sobreexplotación, unida a la sequía, hizo saltar las alarmas. El Gobierno y la Junta de Castilla-La Mancha anunciaron el Plan Especial del Alto Guadiana, dotado sobre el papel con 3.000 millones, para regularizar pozos y comprar derechos de agua para recuperar los ojos en dos décadas. El dinero no llegó —al menos no en esa cantidad—, pero los agricultores comenzaron a tomar conciencia de que aquello no podía seguir, que si seguían abusando del acuífero terminaría por ser su ruina.
En octubre de 2009, y tras la prolongada sequía, la turba del subsuelo comenzó a arder en las Tablas. Era un fenómeno habitual fuera del parque, pero el espacio protegido había estado a salvo hasta entonces.
El balance del Plan del Alto Guadiana es de “4.000 pozos legalizados, 20.000 nuevas hectáreas de regadío, más de 8.000 contadores instalados y 1.000 millones en infraestructuras” y la compra de multitud de fincas. El Gobierno del PP ha anunciado que suprimirá el plan, pero con un poco de suerte puede que quede su legado: la conciencia en la zona de que no se puede seguir explotando sin fin el acuífero.
¿Durarán mucho los nuevos ojos? Es poco probable. El informe del IGME explica que “de continuar la falta de precipitaciones de los últimos dos meses y el inicio de los primeros riegos de la temporada, se producirá un lento descenso del nivel piezométrico que volverá a situar este por debajo de la cota del terreno y dejarán de aparecer estas nuevas surgencias”. Aun así, la situación del acuífero hace que sea más factible que nunca recuperar el ecosistema. Para ello, es fundamental controlar las extracciones para regadío, que en los peores años superaron los 600 hectómetros cúbicos, el triple de la recarga media.
“Si se salva esto o no es una decisión política”, añade Mejías, que teme que en un nuevo periodo seco se olviden las medidas de ahorro. “La recuperación no se puede confiar solo a la aparición de esporádicos episodios húmedos”.
El Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente prepara una reforma legal de urgencia para impedir “un nuevo deterioro del acuífero”, para lo cual “reordenará los derechos de uso de las aguas tendente a la recuperación ambiental de los acuíferos”. Las condiciones para recuperar La Mancha Húmeda se dan ahora como nunca. El tiempo dirá si el ojo entreabierto del Guadiana es solo un espejismo, una oportunidad perdida. O si, por el contrario, no hay marcha atrás en la recuperación del Guadiana.

Daimiel Noticias

Hoy, 2 de febrero, se celebra el Día Internacional de los Humedales. Las Tablas de Daimiel han querido sumarse a la celebración de la mejor manera posible. El encharcamiento del Parque Nacional, según datos facilitados por el propio Parque, alcanza mas de 1.200 hectáreas de las 1.700 que posee el humedal. Es un dato muy significativo teniendo en cuenta la escasez de lluvias que se lleva a lo largo del presente año hidrológico.

La presa de Puente Navarro es la salida natural del agua de Las Tablas de Daimiel. Desde última hora de la tarde del miércoles día 1 el agua rebosa las compuertas (de dos metros y medio de altura) y sigue su curso a lo largo del Guadiana. Este hecho es sumamente trascendente si se tiene en cuenta que el agua que encharca actualmente el Parque proviene casi en su totalidad del aporte natural del Guadiana, vía su afluente Azuer. Un hecho considerado histórico, tanto por el concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Daimiel, Gregorio Díaz del Campo, como por la propia dirección del Parque Nacional, ya que no se daba esta situación desde los años 70.

Según datos aportados por el propio Parque Nacional, el Guadiana-Azuer está aportando a Las Tablas cerca de 270 litros por segundo, mientras que el Gigüela, únicamente 80 litros por segundo. Así, desde el Parque Nacional, se explica que, al margen de la diferencia de caudal entre el Guadiana y el Gigüela, las hectáreas encharcadas son las máximas posibles dada la diferencia de cota de nivel existente entre la entrada de agua por el Guadiana y la del Gigüela. De ahí que no todo el Parque Nacional esté inundado.

El Guadiana no aportaba agua a Las Tablas desde los años 70

El momento histórico que viven Las Tablas de Daimiel se ve refrendado en el molino de Molemocho, la entrada natural del Guadiana a Las Tablas de Daimiel. En ese punto, y al contrario de lo que venía sucediendo, las aguas ya no “salen” de Las Tablas para remontar río arriba para llegar al molino de Griñón, en lo que se ha venido en llamar “Guadiana remontante”, sino que el caudal del Guadiana, con aguas del Azuer, sigue su camino natural. Algo, que se insiste desde el Parque y corrobora el concejal de Medio Ambiente, no sucedía desde los años 70.

Por esta razón el agua del Guadiana cruza sin problemas, con fuerza y brío, las compuertas del molino de Molemocho. La dirección del Parque Nacional ha decidido abrir cuatro de las cinco compuertas del molino con el fin, apunta Díaz del Campo “de contribuir a la regeneración y purificación de las aguas de Las Tablas”.

A pesar de todo, Díaz del Campo reconoce que la situación “boyante” que se vive en la actualidad no deja de ser “coyuntural, porque en La Mancha sabemos que podemos tener ciclos secos como el actual”. De esa forma aboga en no bajar la guardia y mantener los recursos hídricos actuales en beneficio tanto de la agricultura como del medio ambiente.

En ese sentido ha valorado muy positivamente las declaraciones del Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, de recuperación del Plan Hidrológico Nacional, “algo que siempre hemos defendido desde el Partido Popular”, afirmó.

El Vítor es la fiesta religiosa más importante de Horcajo de Santiago. Celebrado los días 7 y 8 de diciembre, el Vítor es la aclamación y homenaje a la Inmaculada Concepción, símbolo de la devoción de los horcajeños a su Virgen. Se trata de una fiesta catalogada de interés turístico regional y, según la tradición, hunde sus raíces en la Edad Media, cuando se estableció en el lugar la Orden de Santiago.

La tarde del 7 de diciembre, los devotos acuden a la iglesia y allí tiene lugar la popular Salve a la Inmaculada Concepción: miles de personas rezan al unísono y, con enorme solemnidad, entonan el cántico. Durante varias horas, vitorean sin cesar al estandarte de la Virgen, cada vez con más intensidad.

Tras esta aclamación, el estandarte se abre camino entre la gente, a duras penas, camino de la puerta principal de la iglesia. Allí esperan tres devotos a caballo que han ofrecido por promesa pasear el estandarte por todas las calles del pueblo. En ese momento se inicia una larga procesión que dura toda la noche del día 7 y gran parte del día 8. En las calles, miles de personas esperan a la “Virgen” para vitorearla.

Así transcurren las horas, con el estandarte visitando las distintas ermitas de la localidad. Guisos típicos como el pipirrana sirven para reponer fuerzas, y dulces como los rosquillos, magdalenas y mantecados, regados con anís y mistela, suavizan y endulzan el paladar y ayudan a soportar las bajas  temperaturas.

La noche del día 8 el estandarte regresa de nuevo a la iglesia. Se produce la entrega de este a los encargados de devolverlo a la sacristía. Pero el camino es complicado, ya que los horcajeños no quieren que se guarde y su sentimiento, desenfrenado, les empuja a vitorear con mucha más fuerza y devoción. Cuando, finalmente, el estandarte desaparece, la tensión de la espera se transforma en otra más ansiosa: el fin de la fiesta. Unos segundos de silencio que parecen horas se rompen con un enfervorizado vítor hacia la imagen de la Inmaculada, lo que deja paso a cientos de abrazos entre todos los presentes, con el fin de mantener durante todo el año esa sensación que les une en los momentos de la fiesta.

Más tarde, según la hora de la entrega, se realiza una procesión por las calles del pueblo donde ya no hay caballos ni caballeros, ni estandarte. Sale la imagen de la Inmaculada engalanada en carroza, y de nuevo es vitoreada con la misma devoción que al estandarte, pero esta vez, con un acompañamiento pacífico, ordenado, sin voces, expresión de una paz conseguida después de una larga espera.

Para saber más:

Página del Ayuntamiento de Horcajo de Santiago

 Mi entrada original en La cruz del diablo

Nuberos en los molinos manchegos

Nuberos, ilustración de Juan Gallego

Se denomina nubleros, nuberos, nublaos, ñublaos, reñuberos o «seres regulares» -según la región o comarca de la Península- a unos seres mágicos, unos espíritus maléficos de carácter elemental, etéreos, inconstantes, dicharacheros, de aspecto mal encarado y feo, que son los responsables de todos los fenómenos atmosféricos. Manejan a su antojo la lluvia y las nubes, las llevan donde quieren, provocan tormentas, granizo, y lanzan rayos y centellas donde les viene en gana. Es creencia bastante extendida que estos seres van encima de las nubes, arrastrándolas y que actúan en grupos o manadas. Los nublados y tormentas se producen cuando las distintas tribus de diablos luchan entre sí.

En las regiones cantábricas tienen un carácter más siniestro, y se les tiene temor por los destrozos que producen. Se les atribuyen las terribles noches de tempestad y aguaceros y les hacen responsables de las galernas del Cantábrico. Los campesinos castellanos y leoneses también los temen, porque son los que fabrican las pedrizas que arruinan las cosechas. Por eso surgieron personajes, en muchas ocasiones curas de los pueblos, que se dedicaron a conjurarlos mediante oraciones o fórmulas mágicas. No es raro encontrar en algunos lugares «conjuraderos» de nublaos o reñuberos.

Hay que constatar, también, que los denominados ñublaos son de naturaleza más pacífica, incluso benéfica, y que a veces gratifican con buenas cosechas a los agricultores que han sido amables con ellos. En algunas comarcas de la mancha occidental son conocidas como nuberos numerosas aves, quizá dotando de la capacidad de polimorfismo a estos seres. La más famosa de ellas es mirlo común.

Para saber más:
Jesús Callejo: Gnomos. Guía de los seres mágicos de España.

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En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.

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