Enterramiento

Miguel de Cervantes

Es muy posible que este fin de semana se hayan encontrado, por fin, el lugar en el que descansan los restos mortales de Miguel de Cervantes. El hallazgo ha tenido lugar en la cripta principal del convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, después de nueve meses de intenso trabajo de exploración y limpieza por parte de un equipo multidisciplinar de historiadores, arqueólogos, técnicos y antropólogos forenses.

Se sabía que los restos del escritor descansaban en una tumba del convento, ya que él mismo había solicitado ser enterrado allí debido al vínculo especial que sentía con los trinitarios, artífices de su rescate de Argel. En un principio, la tumba estaba debidamente señalizada pero, tras una ampliación del convento en 1673, sus restos fueron trasladados y enterrados en otro lugar junto con los de otros finados, en tumbas sin nombre. Y así quedaron, anónimos y mezclados, siglo tras siglo.

El equipo hizo, en un principio, una exploración con georadar en la iglesia, gracias a la cual se pudieron delimitar cinco zonas con posibles enterramientos. Se decidió actuar en la cripta, donde se encuentran una treintena de nichos. Se trabajaba con la hipótesis de que los restos de Cervantes hubiesen sido trasladados de su tumba inicial a uno de esos nichos. El sábado se comenzó con el trabajo de exploración de las sepulturas mediante endoscopia, tras practicarles pequeñas perforaciones.

Las microcámaras han ayudado a encontrar, mezclado con restos de enterramientos posteriores, un féretro en muy mal estado con unos remaches metálicos que forman las letras MC. Como son varios los cuerpos en el nicho, los antropólogos han comenzado a retirar restos para analizarlos y tratar de dar con los de un varón anciano de mano atrofiada y restos de plomo, vestigios de los arcabuzados recibidos en el brazo y en el pecho durante la batalla de Lepanto.

Será difícil llegar a conclusiones definitivas, ya que no se pueden realizar identificaciones de ADN con descendientes reconocidos, y es difícil dar con los restos de algún pariente. Habrá que fiarse de este tipo de pruebas circunstanciales.

En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
Archivo
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