Las Tablas de Daimiel

Santos Cirujano, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y uno de los mayores investigadores de las Tablas de Daimiel, ha dado la voz de alarma: la entrada de residuos de aguas urbanas en el parque nacional está arrasando con parte de la vegetación y flora del parque. En concreto, calcula que se a acabado con el 50% de las praderas de carófitos que se lograron recuperar en el último año. A finales del año pasado, tras unas copiosas lluvias que habían inundado la totalidad del parque, las Tablas llegaron a tener cubiertas de praderas de ovas 450 hectáreas de terreno, muchas de las cuales han quedado ahora destruidas.

La organicación WWF ya ha anunciado de que denunciará ante la UE para que se vele por la conservación de un humedal tan emblemático. Estos vertidos se suman a la presión que sufre el parque debido a los regadíos, en muchos casos ilegales, que proliferan en su entorno. Recordemos que, debido a la sequía, hace solo dos años Las Tablas de Daimiel sufrieron un incendio subterraneo que amenazó su propia supervivencia.

Agencia EFE – Un año después de que los incendios soterrados de turbas asolaran el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, la estampa que ofrece este espacio natural es muy distinta a la de entonces, donde el humo de los incendios que alarmaba sobre su degradación, ha dado paso a una amplia lámina de agua que cubre gran parte del humedal.

La alarmante entrada en combustión de las turbas, el material orgánico que durante cientos de años ha permanecido bajo la superficie del agua, concitó el interés general de la sociedad que vio peligrar la conservación de uno de los ecosistemas naturales más singulares de este país, sin embargo, la benigna meteorología invernal hizo posible que aves y plantas volvieran a encontrar acomodo en el extenso humedal manchego.

La situación es muy distinta a entonces, explica a EFE el ex rector de la Universidad de Castilla-La Mancha y presidente del Patronato de Las Tablas de Daimiel, Luis Arroyo, quien ha dicho que “hace un año de todos se apoderaba la angustia al ver Las Tablas en su interior ardiendo por la autocombustión de la turba, en cambio, ahora, es impresionante ver la pátina de agua regada por el sol en el corazón de La Mancha”.

Del fuego, comentaba, “hemos pasado a unas Tablas que han superado el verano con 1.000 hectáreas encharcadas, frente a la situación de extrema sequía que todos recordamos del año pasado”.

Por segundo año consecutivo, asegura Arroyo, “vamos a poder disfrutar del Parque Nacional en todo su esplendor, vuelve a llover y éste es un momento hermoso en Las Tablas, donde ahora se pueden encontrar más de 12.000 aves invernantes en su interior”.

La generosidad de los humedales y su capacidad de recuperación se pone de manifiesto cuando se comprueba que de las 1.000 hectáreas que se encuentran inundadas, 400 se encuentran colonizadas por ovas, algas acuáticas de gran valor ecológico que constituyen el alimento indispensable para las aves buceadoras.


Para Luis Arroyo, una de las imágenes más significativas del “milagro” de Las Tablas es que este año se han podido ver concentraciones de hasta 1.000 patos colorados, el emblema del parque, en los días previos a iniciar su migración hacia los lugares cálidos del sur.

Como lo es también ver a más de 600 flamencos, que no son habitantes tradicionales de Las Tablas, durmiendo donde muy pronto han de dormir las grullas, lo que le llevaba a ironizar, al asegurar que es probable que incluso, “haya problemas de tráfico” en el Parque Nacional.

La masiega, representante característica de la flora del parque, se está recuperando progresivamente y a ello, decía, “contribuirá también las 2.000 plantas que procedentes de los viveros de Parques Nacionales, se han plantado en el interior del parque”.

A juicio de Arroyo, la situación es “muy diferente” a cuando el suelo del parque nacional ardía, y el objetivo ahora, es lograr garantizar que nunca más la turba vuelva a arder por autocombustión y exceso de sequía, para lo que se ha establecido una red de aforamientos de agua debidamente conectados.

Sin embargo, para él, en el futuro no sólo es suficiente evitar que la turba no se seque hasta el punto de volver a entra en autocombustión, sino que el parque nacional vuelva a tener agua de forma constante, y ello pasa, sin lugar a dudas, “por el control del uso del agua y naturalmente, por la meteorología”.

Alejandro del Moral, geógrafo y director del Centro del Agua de Daimiel, es de la misma opinión que Luis Arroyo en cuanto a que el futuro del parque pasa por una mejor gestión de los recursos hídricos en la cuenca del Alto Guadiana.

Del Moral aseguraba que el Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG) es una oportunidad “especial y única, que llega en un momento de inflexión” y su aplicación para garantizar el uso sostenible de los acuíferos del Alto Guadiana es fundamental para el futuro de Las Tablas. EFE.
Visitas

El Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel supera ya en el mes de octubre, por su buen estado, el registro histórico del número de visitas recibidas en un año por este espacio natural, al haber contabilizado un total de 350.000 . Así lo indicó el presidente del Patronato del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, Luis Arroyo, quien destacó que se ha superado ya la cifra histórica registrada en 1997, año en el que las Tablas de Daimiel fueron visitadas por 285.371 personas, coincidiendo con otro período de inundación del espacio protegido.

Arroyo comentó que el aumento del número de visitas está en consonancia al “buen estado” que presenta el parque nacional, que se encuentra con unos niveles de inundación “muy significativos”. 

Solo un milagro podía salvar las Tablas de Daimiel del incendio subterráneo que las consumían y, al final, ha sido la propia naturaleza la que ha obrado ese milagro y nos ha dejado en evidencia. Es algo increíble; en poco más de un mes, las intensas lluvias que han caído en la región han conseguido que las hectáreas inundadas hayan pasado de 20 a más de 1700. El Acuífero 23 se ha comenzado a llenar y ríos que llevaban más de una década secos han vuelto a correr, como el Pellejero o el Azuer (que hace poco hasta han recorrido en piragua). Ahora da gusto acercarse al Gigüela, a su paso por Villarrubia, o al Guadiana, por el molino de Molimocho, donde ya casi desborda, o cerca del molino de La Máquina, donde recibe el agua embravecida del Azuer.
Esperemos que las diversas autoridades hayan tomado nota y que todos sepamos estar ahora a la altura y podamos evitar una nueva degradación de este entorno singular.

Laura Espinar para www.lanzadigital.com

El Secretario de Estado de Medio Rural y Agua, Josep Puxeu, ha asistido este lunes a la puesta en prueba de las obras, cuyos plazos previstos se han cumplido, acompañado por el presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, Eduardo Alvarado, y del director General de Medio Natural y Política Forestal, José Jiménez, según informó el MARM en nota de prensa.

El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel se encontraba en una situación de emergencia como consecuencia del fuego de turba que se estaba produciendo desde agosto, en el contexto de una situación de sequía de cuatro años. La solución a los fuegos se encontraba en el encharcamiento e inundación de las mismas para asegurar su extinción, propiciando además la recuperación de sus ecosistemas más amenazados, los masegares y las comunidades de plantas sumergidas, favoreciendo asimismo una buena temporada para la nidificación de aves.

El Consejo de Ministros aprobó la realización de dos obras de emergencia que se unían a las actuaciones llevadas a cabo el Organismo Autónomo Parques Nacionales mediante la compactación y humectación de las zonas afectadas. Una de las obras es la realización de nuevos sondeos para bombear agua desde el acuífero.

La segunda es la actuación para la utilización temporal, excepcional y con carácter de emergencia de la Tubería Manchega. Esta medida consiste en utilizar el cauce del Gigüela en los primeros 60 kilómetros, para desde Villanueva de Alcardete conectarlo a la Tubería de la Llanura Manchega durante 90 kilómetros y hacer llegar el agua al Parque Nacional realizando el vertido en la Cañada Lobosa.

Con esta medida se pretende aportar agua con rapidez y eficacia haciéndolo a primeros de año, tal como manifestó el Secretario de Estado de Medio Rural y Agua en las reuniones con el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda. La recuperación de las Tablas se enmarca, en todo caso en el conjunto de las actuaciones que buscan la recuperación de las condiciones hidrológicas del Alto Guadiana, tanto en los humedales y cauces, como en las aguas subterráneas.

El agua que ha iniciado hoy su camino por la Tubería Manchega y podría llegar al Parque Nacional en unos cinco o seis días. En estos momentos el volumen de agua existente en los embalses de Entrepeñas y Buendía ha crecido de forma considerable por lo que de un modo inmediato se saldrá de la situación de emergencia, ya que se pueden superar los 466 hectómetros cúbicos.

De otro lado, según informó el Ayuntamiento de Daimiel en nota de prensa, las lluvias caídas en los últimos días han propiciado que el Guadiana haya superado el molino de El Nuevo para llegar a Molemocho –entrada a Las Tablas– para lo que quedarían cuatro kilómetros. Por su parte, las precipitaciones han propiciado también que el río Cigüela haya dejado atrás Arenas de San Juan, a la espera de los aportes de la zona de Cuenca y del desembalse de Peñarroya.

Además, el arroyo de la Madre Chica, que discurre paralelo al Cigüela camino del humedal, también lleva agua. Igualmente, el Ayuntamiento espera que en próximos días el volumen hídrico del afluente del Guadiana sea mayor una vez se recojan las aguas procedentes de la zona de la provincia Cuenca y de la que desaloja el embalse de Peñarroya a través del Záncara.

Donde ya hay movimiento de agua es en el arroyo de la Madre Chica a la altura de Villarrubia de los Ojos. El Consistorio indicó que el arroyo discurre en paralelo al Cigüela dirección al parque nacional. Por todo ello, esperó que en los próximos días Las Tablas podrían recobrar su circuito natural a la espera del trasvase.

Rafael Méndez EL PAÍS12/10/2009

El director del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel avisa. “Pise con cuidado, detrás de mí y mirando al suelo. Esto puede hundirse en cualquier momento”. Carlos Ruiz palpa con la punta de la bota antes de apoyar el pie. A veces el suelo se desprende. “A principios de año esta grieta del suelo medía unos centímetros”, explica apuntando a un hueco en el que cabe una persona.

Los libros de texto dicen que Ruiz camina sobre una laguna. Sin embargo, el suelo es polvoriento y por todas partes se abren enormes grietas. Donde la vegetación cubre el terreno es mejor no adentrarse porque es fácil hundirse. “Todos los guardas se han caído alguna vez y hasta algún coche se ha quedado atrapado. Parece el resultado de un terremoto y va mucho más rápido de lo que podíamos prever”.

Que el suelo esté agrietado en las Tablas es el antepenúltimo síntoma de que todo lo que puede ir mal va peor. El antepenúltimo, porque las grietas han desencadenado algo más grave, como explica Luis Moreno, hidrogeólogo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). Durante miles de años, bajo el agua de las Tablas se ha acumulado materia orgánica, principalmente de origen vegetal. En esas condiciones, sin oxígeno y empapada en agua, se forma la turba, una especie de carbón vegetal.

Cuando el suelo se seca, la turba pierde agua, se encoge y agrieta el terreno. El aire comienza a circular por los huecos. Y la turba, formada en ausencia de oxígeno, comienza a oxidarse y se calienta. Cuando supera cierta temperatura entra en autocombustión, arde sola bajo el suelo. La autocombustión no es más que la oxidación a toda velocidad.

La trágica sucesión comenzó en las Tablas de Daimiel en 2005, cuando se secaron las lagunas. No era la primera vez que se agostaban, ya que las decenas de miles de pozos, legales e ilegales, que han proliferado en la zona en 40 años han esquilmado el inmenso acuífero que rebosaba en las Tablas y en los ojos del Guadiana. La sequía en la cabecera del Tajo hizo que el Gobierno limitara los trasvases -de los que realmente vivía el humedal- hasta el parque nacional. La prioridad era el abastecimiento y el regadío en Murcia y Alicante.

El 26 de agosto pasado, Ruiz recibió la llamada que temía desde que en 2007 el IGME alertó de que de seguir las lagunas sin agua la turba entraría en combustión. Ese día un guarda le avisó de que de un agujero en el suelo cerca de la isla de las Cañas salía humo. Ruiz cree probable que el fuego llevara ya tiempo: “Agosto fue anormalmente cálido y ése fue el primer día en que por la noche bajó la temperatura. Por eso lo vimos ese día”. El humo que sale es débil, disperso. Apenas se ve. Sólo cuando hace frío, por contraste con la temperatura exterior, se aprecian las fumarolas salir de las oquedades del terreno.

En julio, otro incendio en superficie en la zona de protección del parque (la que se encuentra antes del espacio natural) se propagó a través de la turba y en septiembre reapareció de nuevo en otro punto.

“Hemos secado las Tablas y ahora vemos las consecuencias. La turba está seca y es un buen combustible”, resume Moreno. Imaginar arder el subsuelo no es sencillo. “El fuego es como el de un puro. Lento y sin llama”, añade. El director del parque tiene otro símil: “Arde como el brasero de tu abuela”. Dionisio, el primer trabajador que con una pala mecánica intentaba sofocar el incendio, se bajaba a tierra de vez en cuando sin dar crédito a lo que veía. “No podía creer que la tierra ardiera”, recuerda Ruiz. “Nunca había ocurrido en el parque”, añade. Dicen que en 1986 un fuego de superficie pasó a la turba, “pero no fue autocombustión”.

Al principio, el personal del parque no sabía cómo atacar el fuego. Tras varios intentos baldíos descubrieron que la única forma era ir aplastando el terreno con palas mecánicas, para impedir que el aire oxigenase la turba. Luego lanzaron unas tuberías de dos sondeos de fincas compradas junto al parque. Las bombas lanzan agua continuamente sobre el terreno, pero hace falta un caudal ingente para conseguir frenar el fuego subterráneo.

Rosa Mediavilla, que dirige el proyecto del IGME que desde hace años estudia el subsuelo de las Tablas, recuerda cómo desde el parque les llamaban desesperados. “Nos decían que cuando veían que en una zona se había apagado, surgía más humo a 200 metros. El riesgo es que la zona afectada por las grietas es muy grande”. Aunque no todo el parque tiene turba en el subsuelo, sí hay enormes acumulaciones bajo el antiguo cauce del Guadiana.

El todoterreno que conduce Ruiz da un giro enorme siguiendo los restos del fuego subterráneo. El giro coincide con el meandro que hacía el río. Los técnicos del parque han calculado que han ardido unas cinco hectáreas, pero en realidad nadie sabe cuánto ha sido. En esa zona hay unas 150 hectáreas cuarteadas, susceptibles de arder. Aunque el 5 de septiembre dieron el fuego por acotado -“no por controlado”-, el miércoles pasado Ruiz volvió a detectar una fumarola. Apagar un incendio de turba es extremadamente complicado. Un día sin fumarolas no significa nada. El director del parque zanja: “No tengo la menor duda de que el fuego subterráneo sigue”.

El humedal, una de las 14 joyas de la naturaleza española que están catalogadas como parque nacional, se prepara para nuevos focos. Los técnicos han creado un sistema de tuberías para poder empapar el suelo en las zonas susceptibles de arder. “Preparar este dispositivo para mí es muy desagradable. Me gustaría que el parque tuviera 1.000 hectáreas encharcadas, pero es lo que hay”, reflexiona el director del espacio.

En sólo dos puntos hay agua gracias a bombeos subterráneos. Así los turistas pueden ver un resto de laguna. Sólo hay cinco hectáreas inundadas, de las 1.600 encharcables del paraje.

Con todo, lo peor no es el incendio. Es lo que pasa en las Tablas: cuando parece que han tocado fondo surge un problema nuevo. Cuando se quedaron secas en 2005 nadie pensó que cuatro años después eso sería lo de menos. Lo peor, lo verdaderamente grave, es que al quemarse la turba el suelo pierde sus propiedades. Lo que era un lugar llano pasa a ser como un “paisaje lunar”, como lo define Moreno, un lugar con altibajos, con zonas hundidas. Y bajo tierra pierde la capa que durante 300.000 años ayudó a retener el agua.

Así que cuando el agua vuelva -si vuelve- nadie garantiza que se vaya a quedar allí como hasta ahora. Es posible que se filtre directamente al acuífero, que las Tablas, como las conocemos, sólo existan en el recuerdo. “O actuamos ya o cuando el Cigüela [uno de los ríos que abastecía Daimiel y por los que va el agua trasvasada] lleve agua puede que ésta no se quede y vaya directamente al acuífero”, se desespera Mediavilla.

Ruiz también es consciente de la gravedad de la situación: “Me preocupa que sea irreversible al menos en una escala temporal humana”. Moreno es más pesimista. O quizá más realista: “El proceso es casi irreversible. El daño está hecho y no es recuperable. Llegamos tarde. Cuando el invierno pasado decidían si iba a haber un trasvase o no en realidad decidían si iba a arder la turba o no”.

Después de dos años sin aportaciones externas de agua, el parque pidió a principios de año un trasvase. El Gobierno esperó a que mejorara la situación en los embalses del Tajo para que el consumo humano en Levante estuviera garantizado. Al final, el 23 de abril aprobó el envío de 20 hectómetros cúbicos de agua (cada hectómetro equivale a un volumen como el del estadio Santiago Bernabéu). El trasvase se demoró y cuando en mayo salió el agua era demasiado tarde. El Cigüela está tan seco que chupa casi toda el agua. Como explica Moreno, “es como mandar el agua a través de una esponja”. Además, con el calor de la época la evaporación es mayor. Sólo llegaron al parque 0,75 hectómetros, el 3,75% de lo trasvasado. Insuficiente. Mediavilla señala que “la única solución es inundar las Tablas de nuevo. Pero hacerlo ya. Lo que estamos viendo es alarmante”. La científica del IGME ve con preocupación cómo el humedal emite en forma de CO2 el carbono almacenado durante miles de años: “Un humedal regula el ciclo del carbono. Cuando está vivo retiene CO2, actúa como sumidero. Ahora ha pasado a ser un emisor y en dos años no sé lo que puede pasar”.

Moreno asegura que no se puede confiar en las lluvias: “La naturaleza no va a frenar el proceso, por mucho que llueva”. Ni un otoño extremadamente húmedo paliaría el déficit del acuífero de La Mancha, cifrado en más de 3.000 hectómetros cúbicos. En la zona de las Tablas el agua se encuentra ya a 26 metros de profundidad, cuando hace 25 años rebosaba allí. Sólo un trasvase, desde el Tajo o desde los embalses de Gasset o Torre de Abraham, en la cuenca del Guadiana, aliviaría el parque. Moreno ironiza: “Yo soy un médico que atendía a un enfermo crónico y grave. Ahora vemos que en los últimos meses ha empeorado, está en la UVI. Y si no le inyectamos suero rápidamente en forma de trasvase se muere”.

Los ecosistemas no responden siempre de manera lineal. A veces llegan a puntos de no retorno, en el que un cambio abrupto los hace irrecuperables. El director del parque apunta a que éste puede ser el caso: “Siempre pensamos que las Tablas era un sistema muy resistente y versátil. Las hemos visto secas en los ochenta y los noventa y cuando volvía el agua se recuperaban. Pero esta vez puede ser distinto”. En las Tablas, lo peor siempre está por llegar.

Movimiento por Las Tablas y el Guadiana valora de manera muy positiva la charla mantenida con ciudadanos de Villarrubia de los Ojos sobre el trabajo que este colectivo ciudadano viene realizando y, en concreto, sobre el Pacto Político propuesto a los diferentes partidos con representación en el Ayuntamiento de Daimiel.

A la charla, celebrada el sábado dentro de las Jornadas organizadas por ANEA con motivo del Día Mundial de los Humedales, acudieron miembros de la corporación municipal de Villarrubia de los Ojos, tanto del PP como del PSOE, que se mostraron receptivos y muy interesados por la experiencia contada por miembros de MXTG a todos los asistentes.

En la posterior Mesa Redonda, donde se intercambiaron impresiones sobre estos temas, se llegó a la conclusión de que es necesario iniciar un proceso similar al de Daimiel que desemboque en un pacto entre los dos partidos representados en el Ayuntamiento de Villarrubia, con la participación de los ciudadanos y en donde se haga especial hincapié sobre la importancia de mejorar la depuración de aguas residuales de Villarrubia de los Ojos y acometer otras medidas encaminadas a evitar una posible contaminación del Parque Nacional de Las Tablas por la entrada de agua en malas condiciones a través del río Gigüela.

Otra de las conclusiones a las que se llegó fue la necesidad de iniciar proyectos conjuntos entre los ayuntamientos de Villarrubia de los Ojos y de Daimiel que persigan como objetivo recuperar y proteger el Patrimonio Natural y Cultural de sitios tan emblemáticos para ambos pueblos como los Ojos del Guadiana.

Fuente: http://movimientoporlastablasdedaimiel.blogspot.com/

En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
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