Mitos y leyendas

Con el aula del Centro del Agua abarrotada en las dos ponencias del sábado, y sin plazas desde hace días para asistir a la visita teatralizada a las Tablas, ni a la cena tematizada en el restaurante Las Brujas, esta novedosa iniciativa “no podía empezar mejor”. Así lo aseguraba Jesús Pozuelo, presidente de la asociación turística Tablas de Daimiel, que organizaba el evento.

Sobre la cita estrella, la visita teatralizada nocturna al Parque Nacional a cargo de producciones 0’99, Pozuelo aseguraba que se desarrolló “con toda normalidad y con un respeto absoluto a la naturaleza”. Además, avanzaba que ante las peticiones que rebasaron el cupo marcado de 80 plazas, desde la organización se plantean lanzarla de nuevo en un futuro.

En cuanto al perfil de los participantes en las actividades, el presidente de la asociación informaba que “alrededor de un 70%” eran de fuera de la localidad, y que durante esta semana se les remitirá unos formularios vía mail, donde podrán plasmar sus impresiones. En cualquier caso, según comentaba Pozuelo la mayoría ya le expresó personalmente su satisfacción durante la visita guiada del domingo a Las Tablas”.

Valoración positiva que también compartía el público de las ponencias del sábado por la mañana, una sobre el uso medicinal de la vegetación de la ribera del Guadiana a cargo del etnobotánico Alonso Verde y otra, la que más expectación creó, sobre la tradición de las brujas en Daimiel, a cargo del periodista e investigador Javier Pérez Campos, redactor de los programas Milenio 3 y de Cuarto Milenio.

A todas estas actividades hay que unir la degustación durante el fin de semana de las tapas especiales elaboradas por la Pinchoteca Cano’s, el bar Lepanto, la pizzería Don Castello, y los restaurantes Casa Julián y Las Brujas, cuya demanda durante el sábado, hizo complicado probarlos el domingo.

Un fin de semana cargado de turismo y gastronomía al que no faltaba el alcalde Leopoldo Sierra, quién, al término de la charla sobre las brujas en Daimiel, expresaba su apoyo a la iniciativa incidiendo en el trabajo de la organización y en la repercusión positiva en que proporciona al sector turístico y hostelero de la localidad. “Es muy importante que vean Las Tablas, el municipio y que, además, coman y pernocten aquí, entre todos tenemos que conseguir que el turismo sea un motor económico”, concluía.

Se ha presentado oficialmente el I Fin de semana “Daimiel, pueblo de brujas”, que organiza la Asociación Turística Tablas de Daimiel (en el que he participado como asesor). Va a haber conferencias, una visita teatralizada a las Tablas al anochecer (en medio de una de las islas pantanosas), cena tematizada, queimada…

PROGRAMA:

En Senderos Ocultos se puede conseguir una camiseta tematizada para la ocasión con una ilustración del pintor daimieleño Juan Gallego.

 Mi entrada original en La cruz del diablo

Nuberos en los molinos manchegos

Nuberos, ilustración de Juan Gallego

Se denomina nubleros, nuberos, nublaos, ñublaos, reñuberos o «seres regulares» -según la región o comarca de la Península- a unos seres mágicos, unos espíritus maléficos de carácter elemental, etéreos, inconstantes, dicharacheros, de aspecto mal encarado y feo, que son los responsables de todos los fenómenos atmosféricos. Manejan a su antojo la lluvia y las nubes, las llevan donde quieren, provocan tormentas, granizo, y lanzan rayos y centellas donde les viene en gana. Es creencia bastante extendida que estos seres van encima de las nubes, arrastrándolas y que actúan en grupos o manadas. Los nublados y tormentas se producen cuando las distintas tribus de diablos luchan entre sí.

En las regiones cantábricas tienen un carácter más siniestro, y se les tiene temor por los destrozos que producen. Se les atribuyen las terribles noches de tempestad y aguaceros y les hacen responsables de las galernas del Cantábrico. Los campesinos castellanos y leoneses también los temen, porque son los que fabrican las pedrizas que arruinan las cosechas. Por eso surgieron personajes, en muchas ocasiones curas de los pueblos, que se dedicaron a conjurarlos mediante oraciones o fórmulas mágicas. No es raro encontrar en algunos lugares «conjuraderos» de nublaos o reñuberos.

Hay que constatar, también, que los denominados ñublaos son de naturaleza más pacífica, incluso benéfica, y que a veces gratifican con buenas cosechas a los agricultores que han sido amables con ellos. En algunas comarcas de la mancha occidental son conocidas como nuberos numerosas aves, quizá dotando de la capacidad de polimorfismo a estos seres. La más famosa de ellas es mirlo común.

Para saber más:
Jesús Callejo: Gnomos. Guía de los seres mágicos de España.

En la tienda online de camisetas Senderos Ocultos podemos encontrar una camiseta de fantasía sobre el tema.

La antigua leyenda

Una antigua leyenda toledana cuenta que cuando el Rey Alfonso VI tomó la ciudad y entró en ella por la vieja Puerta de Bisagra, la comitiva triunfal se detuvo de repente porque, al llegar a la altura de la mezquita de Bab al-Mardum, el caballo del rey se arrodilló y se negó a seguir adelante. El hecho se tomó como algún tipo de signo divino y el Rey mandó investigar. Entraron en el edificio y se dieron cuenta de que de uno de los muros salía un gran resplandor que iluminaba el recinto. Al excavar encontraron un crucifijo con una vela encendida. El Cristo era una imagen muy venerada que había sido escondida cuatro siglos antes, cuando los árabes invadieron Toledo ¡y la vela todavía lo seguía iluminando! En vista de este milagro, el rey Alfonso ordenó dar misa allí por primera vez y dejó su escudo con una inscripción conmemorativa. El lugar en el que se arrodilló su montura aparece hoy señalado por una piedra blanca que sobresale de las demás.

 Una historia llena de avatares

Aunque es seguramente uno de los edificios más antiguos de Toledo, Bab al-Mardum, la mezquita del Cristo de la Luz, también sigue siendo una gran desconocida para muchos de los visitantes que llegan a la ciudad del Tajo. En 1999 esta vetusta edificación cumplió 1000 años, como atestigua la inscripción fundacional de caracteres árabes que se conserva en la fachada principal del edificio, y que correspondería con el año 999 de la era cristiana.

Enclavada en el antiguo barrio de San Nicolás y la Magdalena, la mezquita se situaba en una zona residencial de musulmanes acomodados, la Medina, relativamente próxima a la Alcazaba, donde debieron levantarse las mansiones de las personalidades más importantes de la ciudad. Es la única de las diez mezquitas que llegó a haber en Toledo que ha llegado hasta nuestros días. Parece ser que la Mezquita estaba asentada sobre un antiguo templo visigodo, y su nombre original se perdió, por lo que pasó a denominarse por el nombre de una puerta de la muralla que se encontraba muy cerca: la puerta de Bab al-Mardum. En su día fue un pequeño oratorio para uso de los recién llegados a la ciudad, o de aquellos que partían.

Convertida en iglesia tras la conquista de la ciudad, en 1182 el arzobispo Gonzalo Pérez puso la antigua mezquita a disposición de los caballeros Hospitalarios bajo la advocación de la Santa Cruz. Unos pocos años después se adosó un ábside al edificio. Durante muchos años la mezquita permaneció casi oculta por la casa del santero, adosada a su fachada principal, hasta que en 1899 González Simancas descubrió la inscripción cúfica de ladrillo, que pudo ser leída poco después por Amador de los Ríos. A principios del siglo XX fue derruida la citada casa y restaurada la mezquita.

Bella y pequeña mezquita

El edificio, de pequeñas dimensiones, tiene planta cuadrada. El exterior está recubierto de ladrillo y está decorado con arquerías parecidas a las que se pueden ver en la mezquita de Córdoba.

La fachada suroeste o principal consta de tres cuerpos. Al primer cuerpo pertenecen las tres puertas de acceso; en el segundo cuerpo hay una arquería ciega, con arcos de herradura entrecruzados; el tercer cuerpo consta de una celosía calada con ladrillos dispuestos en sardinel. En la parte superior se encuentra la famosa inscripción de la que ya hemos hablado y que data la construcción de la Mezquita. El texto dice así: “En el nombre de Alá, hizo levantar esta mezquita Ahmad ibn Hadidi, de su peculio, solicitando la recompensa ultraterrena de Alá por ella. Y se terminó con el auxilio de Alá, bajo dirección Musa ibn Alí, arquitecto, y se Sa´ada, conluyéndose en Muharram del año trescientos noventa”. Se trata de una inscripción única en el Islam de Occidente, por haber sido elaborada exclusivamente con fragmentos de ladrillos ordinarios.

La fachada noroeste está formada también por tres cuerpos: tres puertas de acceso, arcos de medio punto y remate en arquería ciega. La fachada sureste, que corresponde a la qibla, el muro orientado hacia la Meca, tiene la misma distribución. Por último, en la parte nordeste es donde se levanta el ábside mudéjar, construido en 1187, con su consabida planta semicircular, y decorado con dos órdenes de arcos.

El interior está distribuido por cuatro columnas en tres naves paralelas, cruzadas a la vez por otras tres, creando nueve compartimentos abovedados. El cuadrante central se eleva un poco más que el resto, al estilo bizantino, para dar una sensación centralizada de la planta. El mihrab, el nicho hacia donde había que orar, se encontraría a la derecha de la entrada, en el muro de qibla.

El alzado consta de tres cuerpos, excepto el tramo central que es de cuatro cuerpos. Las columnas enlazan el primer cuerpo con el segundo cuerpo mediante unos capiteles visigóticos reutilizados por los árabes. En el segundo cuerpo nos encontramos una serie de arcos de herradura. Dos cornisas marcan la transición al tercer cuerpo, que lo constituyen las nueve bóvedas de crucería califal.

Vista del interior de la mezquitaLa ampliación del siglo XII consta de un tramo recto cubierto con bóveda rebajada de ladrillo y un tramo absidial que está decorado por pinturas románico-mudéjares del siglo XIII que en la actualidad están bastante deterioradas. Los frescos representan un pantocrátor, santos, tetramorfos y un clérigo con una maza. También hay inscripciones de caracteres cúficos carentes de significado.

En los últimos tiempos, gracias a los trabajos de restauración, se ha encontrado junto a la mezquita los restos de una necrópolis musulmana.

En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
Archivo
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