Rocinante

Ampliamos horizontes. Después de una etapa de franca sequía, renacemos con fuerza, como el Guadiana, con más ganas que nunca. Volvemos con nuevo nombre y un lavado de cara. Conservamos todos los contenidos que hemos ido acumulado durante todos estos años en Rocín flaco, y seguiremos escribiendo sobre la historia y el folklore de de la Mancha, de su gente, sus paisajes, y sus rincones naturales, de su arte y sus monumentos y, cómo no, de la gastronomía.

Esta tierra es algo más que una enorme llanura de paso: está llena llena de rincones y de historias, de gentes y de paisajes. Algunas realidades se encuentran a flor de piel; otras se hallan ocultas. Como don Quijote, debemos cambiar nuestra manera de mirar. Solo así descubriremos que, detrás de un rocín flaco, se encuentra, en realidad, Rocinante.

En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
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