Tarazona

Quizá no sean tan elegantes como el carnaval de Venecia, ni tan multitudinarios como el de Río, pero a los carnavales manchegos no les falta ni tradición ni diversión.

Carnavales manchegos de Tarazona

Tarazona de la Mancha, fotografía de Jesús Ruiz Bueno

Carnaval de Villarrobledo

Es la festividad más importante de la localidad, considerada Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 2011. Se trata de un carnaval antiguo del que ya hay referencias en los siglos XVI y XVII en diversas cartas y documentos. En 1869 se hace mención directa de la celebración de bailes de carnaval. Durante mucho tiempo funcionaron, paralelamente, un carnaval de salón, burgués, y un carnaval callejero, popular. Durante el primer tercio del siglo XX, estas celebraciones alcanzaron cierto renombre a nivel nacional. Durante la prohibición de la dictadura, se llegó a solicitar un permiso especial al gobernador civil de Albacete para poder seguir con la celebración de los bailes de carnaval.

El de Villarrobledo es un carnaval largo; popularmente se dice que es una fiesta de diez días que dura once. Y no termina con el tradicional entierro de la sardina; precisamente, los días posteriores son los más fuertes. Estos carnavales son muy participativos, y todos los días se puede encontrar gente disfrazada a cualquier hora y en cualquier lugar, incluso atendiendo sus negocios. Por supuesto, no faltan los desfiles adultos e infantiles, los concursos de murgas y chirigotas, y todas las noches hay baile.

El Jueves Lardero (el anterior al Domingo de Carnaval) se da la bienvenida a la fiesta con la denominada “llegada de los juanes” (juanes es el nombre que se da en la zona a una especie de cuervo). Este día, la gente se disfraza de aves que a su vez van disfrazadas de otra cosa. Se suele elegir una temática para el disfraz, pero es obligatorio que todo el mundo lleve puestos su pico y sus garras de juan. De todos modos, el comienzo oficial tiene lugar al día siguiente, con el pregón y el concurso de murgas y chirigotas en el Gran Teatro.

El Sábado de Carnaval desfilan los grupos y comparsas locales y el Domingo de Carnaval tiene lugar el primer desfile infantil. El carnaval infantil de Villarrobledo fue pionero en España y ha alcanzado gran reconocimiento por su espectacularidad. Participan todos los colegios de la localidad, y en los desfiles se llega a superar el millar de participantes. Estos días hay chocolatadas, concursos y talleres para niños.

Los dos días siguientes tienen lugar dos celebraciones peculiares y distintivas de estos carnavales. El lunes nos encontramos con el tradicional mercadillo del carnaval; y el Martes de Carnaval, al anochecer, las peñas, comparsas y grupos se dedican a representar escenas populares manchegas, en las que no faltan productos y platos típicos. Eso sí, la interpretación de los distintos trajes folclóricos es bastante libre, a gusto del que se disfraza.

El miércoles tiene lugar el entierro de la sardina, aunque se tiene muy presente que aquí no significa el final del carnaval y que queda todavía fiesta para rato. Se siguen sucediendo los bailes, y la noche del Segundo Jueves de Carnaval tiene lugar el concurso de bodas, uno de los eventos diferenciadores de estos carnavales. Nos encontramos por las calles con innumerables cortejos nupciales, banquetes y ceremonias. Se puede parodiar bodas famosas, del pueblo o de todo el mundo, pero también tienen lugar esta noche los enlaces más disparatados que podamos imaginar, siempre buscando la risa y el disparate: se casan sillas con mesas, coches con coches, farolas con bancos…

El Segundo Viernes de Carnaval, fiesta local, los niños vuelven a ser los protagonistas con su desfile, y el Segundo Sábado tiene lugar el gran desfile regional, al que acuden peñas y grupos de diversos lugares de la Mancha. La fiesta termina con el Domingo de Resaca, en el que tiene lugar un gran concurso de gachas manchegas: propios y extraños pueden deleitarse degustando la gastronomía local antes de enfrascarse de lleno en la Cuaresma.

Carnaval de Miguelturra

Se trata de uno de los carnavales con más solera de Ciudad Real, tan arraigado, que los vecinos se saltaron las diversas prohibiciones establecidas tras la Guerra Civil, y más de uno corrió por aquellas fechas dando esquinazo a serenos y guardiaciviles. Son elementos fundamentales las murgas, comparsas, estudiantinas y, en tiempos más recientes, las diversas peñas. Pero la verdadera seña de identidad del carnaval de Miguelturra es la máscara callejera. Un antifaz y un trapo en la cara, ropas olvidadas en los armarios de los abuelos, sacos, botas viejas, sombreros… y ya se puede salir a la calle a asaltar a los viandantes con el grito, siempre con voz de falsete, de “¡A que no me conoces!”. Sencillez y provocación a partes iguales, las máscaras “dan la broma”, alborotan entre la muchedumbre, incitan a los mozos, molestan a las parejas, siempre escudadas en su disfraz y esperando no ser reconocidas.

Destaca en Miguelturra el gran desfile del Domingo de Piñata. Antaño salían carros engalanados y, en la actualidad, el desfile de carrozas se ha convertido en uno de los más importantes de la región, por la cantidad de participantes y la calidad de sus propuestas.

No faltan estos días los diversos concursos de máscaras, de murgas y chirigotas y de coplas. Cabe destacar el concurso de las tradicionales frutas de sartén (rosquillas, barquillos, borrachuelas, flores y roscapiñas). Hay también concursos especiales, más modernos, como el de drag queen o de disfraces con materiales reciclados.

Los bailes de máscaras, el entierro de la sardina, las murgas y estudiantinas, también contribuyen a aumentar la fama de estos carnavales, que han sido declarados de interés turístico regional. Sigue leyendo

En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
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