Villanueva de los Infantes

Encuentros con Cervantes

Encuentros con Cervantes es una iniciativa de la Diputación Provincial de Ciudad Real que pretende conmemorar el 4º centenario de la muerte del autor del Quijote y, de paso, incentivar el turismo literario en la provincia. El turismo literario es una modalidad de turismo cultural en el que se relacionan los espacios de obras destacadas de la literatura con los lugares reales en los que se enmarca. Y Cervantes, a través de su ingenioso hidalgo, ha quedado vinculado de manera indisoluble con estas tierras manchegas.

Hasta ochenta personalidades de distintos ámbitos y reconocido prestigio nacional e internacional se pasean estas semanas por los once municipios en los que tienen lugar los distintos actos: escritores, académicos, actores, periodistas, directores de cine… Incluso humoristas o profesionales de la gastronomía. Con nombres tan conocidos como José Luis Garci, Concha Cuetos, Julio Llamazares, Francisco Rico, Ángel Gabilondo, Darío Villanueva, Antonio Lucas, o José Luis Cuerda. Hay conferencias, recitales, proyección de películas, teatralizaciones, coloquios o monólogos.

Encuentros con Cervantes lleva en marcha desde el 13 de septiembre, y durará hasta el 25 de noviembre. Las localidades agraciadas con este evento han sido Tomelloso, Ciudad Real, Campo de Criptana, Puertollano, Almagro, Valdepeñas, Argamasilla de Alba, Villanueva de los Infantes, Alcázar de San Juan, Daimiel y Manzanares.

Se puede encontrar mucha más información en la página web oficial: http://www.encuentrosconcervantes.com. La fotografía de esta entrada está tomada de ahí.

Aunque el calendario litúrgico señala el 2 de noviembre como Día de Difuntos, y en él se recuerda y conmemora en favor de las ánimas del purgatorio, hay una antigua costumbre en la Mancha de celebrar fiestas y bailes de ánimas en tiempos de Carnaval. Se trata de prácticas que mezclan usos mundanos y rituales religiosos, y se engloban dentro del ciclo de festividades invernales.

bailes de ánimas

Baile de Ánimas de Daimiel – Imagen tomada de manchainformación.com

La devoción a las ánimas benditas fue un culto impulsado de manera especial por las órdenes religiosas después del Concilio de Trento. En villas y aldeas comenzaron a aparecer las cofradías o hermandades de ánimas que, con el tiempo, fueron cobrando protagonismo en la celebración de los carnavales a medida que las fechas de las dos celebraciones comenzaron a coincidir, algo que se hizo patente a partir del siglo XVIII.

De este modo, se hizo normal en los pueblos manchegos celebrar ofertorios o misas para las ánimas del purgatorio justo antes o durante el Carnaval, así como procesiones de las cofradías y bailes. Todo esto tenía mucho de recaudatorio: subastas, bailes «pujados» y limosneros que recorrían las calles servían para conseguir dinero para misas y velas.

Lo normal es que primero tuviese lugar un pasacalles en el que se anunciaban los cultos y se pregonaban los bailes. Se solía desfilar al son de los tambores portando unas banderas que luego se ondeaban y se «bailaban».

Pero lo más esperado, sin duda, eran los bailes pujados. Clemente Díaz ya los describía en el Semanario Pintoresco Español, en la primera mitad del XIX. Cuenta que, en la casa en la que se celebraba el baile, se preparaba una sala grande bien iluminada por velones y candelas, con largas filas de sillas formando un corro que rodea el espacio de baile, y una gran mesa con viandas: torrados, pasas, higos, tortas de cañamones con miel y abundante vino. Allí llegaban las autoridades y la presidencia de la cofradía y, sobre todo, los mozos, que pujaban y entregaban los «cuartos» a las ánimas para bailar con las muchachas que más les caían en gracia, y que acudían vestidas con sus sayas de color, basquiñas negras, mantellinas de estameña forradas de terliz encarnado y castañas de pelo en la cabeza. El limosnero de ánimas se encargaba de guardar el dinero en la espuerta de las ofrendas, y voceaba en voz alta cosas como «¿Quién puja, señores, quién puja?, ¿quién quiere bailar con Antonia, la Calcetera? Cuatro cuartos dan por ella. ¿Quién puja, quién puja?». Sigue leyendo

En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
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