Villarrubia de los Ojos

Lo vi hace unos días, cuando conducía hacia Villarrubia. Aunque apenas pude fijarme por el rabillo del ojo, me llamó mucho la atención y se lo comenté a mi pareja: “¿Será agua encharcada o vuelve a ser el Guadiana?”. Por fin otra buena noticia.
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El País – 31/03/2012

Parece un simple charco, un charco grande en mitad de un campo de cebada. A cualquiera que pase por la carretera de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real) a Daimiel sin conocer la apasionante y triste historia de La Mancha Húmeda no le parecerá más que eso. Apenas le llamará la atención. Sin embargo, ese charco es la prueba de la espectacular recuperación del acuífero del alto Guadiana por las lluvias de los dos últimos años. Ese charco es un nuevo ojo del Guadiana, el primero desde que, en 1984, el agua dejó de manar tras décadas de sobreexplotación. Puede que no dure más que unos meses, y es más que probable que el agua no llegue a correr cauce abajo, pero da esperanza de recuperar un ecosistema único y castigado durante más de medio siglo.
En diciembre pasado, Alfonso Queipo de Llano, observó con asombro cómo en el campo de cebada que su familia tiene en el cauce del Guadiana surgía agua. “Pensamos que podía estar roto nuestro pozo o que teníamos un problema en la bomba”, cuenta. Sin embargo, y a pesar de la falta de lluvias, el charco fue creciendo. Él es dueño del Molino de Zuacorta, una de las decenas de instalaciones usadas durante siglos gracias a los caudalosos ríos de la zona, y que ahora se asoman a un paisaje polvoriento. Queipo de Llano cuenta que hace 35 años su suegro, quien compró la tierra, sí “hablaba de que en la tierra había humedad”.

El charco de sus tierras no es un caso único. A dos kilómetros, al Este, en el paraje conocido como El Rincón, han aparecido otros encharcamientos, aunque más pequeños. ¿Sería posible que todos ellos fuesen ojos del Guadiana? ¿De esos de los que hablan los libros de texto y que dejaron de manar en los ochenta? Un ojo, o un ojillo, es cualquier lugar en el que rebosa el acuífero 23 (la enorme bolsa de agua bajo Ciudad Real), no es un punto concreto.
En enero, Miguel Mejías, responsable de Hidrogeología del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), recibió otra sorprendente llamada desde el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, a solo unos kilómetros. Querían que fuera a ver el sorprendente charco. “El año anterior hubo algunos afloramientos de agua cauce abajo, pero concluimos que era de la escorrentía de las abundantes lluvias. Esta vez no era posible, porque no ha llovido”, explica Mejías en su despacho en Madrid. Mejías concluyó el pasado 3 de febrero un informe para la Confederación Hidrográfica del Guadiana que constata “la aparición de estos nuevos ojos en zonas que probablemente no fueron las últimas en desecarse a mediados de los ochenta”. Él, que lleva 15 años estudiando la zona, se sincera: “Pensé que yo me iba a jubilar sin verlo”.

Lo que ha ocurrido es que las enormes lluvias de los cursos 2009-2010 y 2010-2011, un 50% por encima de la media, siguen filtrándose al subsuelo. Es como si uno echase agua sobre una esponja descomunal. El sistema tiene una inercia que hace que suelte agua aún mucho después de cerrar el grifo. Por eso, un año después de que cesaran las lluvias, el acuífero sigue subiendo. Es lo que se conoce como “recarga plurianual”, lo que hacía que antiguamente las Tablas de Daimiel tuviesen siempre agua, incluso en periodos secos. El agua subterránea empieza a brotar en los ojos a partir de los 610 metros sobre el nivel del mar y el 30 de marzo pasado estaba a 609,75.
La zona en la que ha aparecido el encharcamiento más grande está un par de kilómetros cauce abajo del cartel de los ojos del Guadiana, en una mínima depresión, quizá producida por la roturación de tierras o por la combustión de la turba. El informe del IGME sobre los “encharcamientos de agua aparecidos en el entorno de los ojos del Guadiana”, de 11 páginas, explica que, “aunque todavía no se han alcanzado las condiciones hidrológicas necesarias para recuperar el esquema natural de flujo”, porque el agua no mana, “la situación actual supone la mejor de los últimos 28 años”. Mejías explica: “Si este hubiese sido otro año húmedo veríamos correr el Guadiana por su cauce”.
Los nuevos ojos son una de las pocas buenas noticias que el humedal ha recibido desde que en 1956 Franco promulgó la “ley sobre saneamiento y colonización de los terrenos pantanosos a los márgenes de los ríos Cigüela y Záncara”. La norma convertía “terrenos incultos de carácter pantanoso o encharcadizo” en regadío. Los ingenieros se empeñaron con éxito en desecar los terrenos.
En 1973, el Gobierno declaró las Tablas de Daimiel como parque nacional, la máxima figura de protección. Parecía como señalar una pista de esquí en medio del desierto. El enorme acuífero siguió sobreexplotado durante décadas por miles de pozos (muchos de ellos ilegales) y llegó a estar, en 2008, a 35 metros de profundidad. En el peor momento, el déficit acumulado rondaba los 3.750 hectómetros cúbicos. Para dar la medida de la situación, hay que tener en cuenta que los embalses de Entrepeñas y Buendía (Guadalajara), los dos enormes pantanos de los que parte el trasvase al Segura, tienen una capacidad máxima de 2.474 hectómetros. Así que el déficit de más de 3.000 hectómetros parecía imposible de recuperar.
La sobreexplotación, unida a la sequía, hizo saltar las alarmas. El Gobierno y la Junta de Castilla-La Mancha anunciaron el Plan Especial del Alto Guadiana, dotado sobre el papel con 3.000 millones, para regularizar pozos y comprar derechos de agua para recuperar los ojos en dos décadas. El dinero no llegó —al menos no en esa cantidad—, pero los agricultores comenzaron a tomar conciencia de que aquello no podía seguir, que si seguían abusando del acuífero terminaría por ser su ruina.
En octubre de 2009, y tras la prolongada sequía, la turba del subsuelo comenzó a arder en las Tablas. Era un fenómeno habitual fuera del parque, pero el espacio protegido había estado a salvo hasta entonces.
El balance del Plan del Alto Guadiana es de “4.000 pozos legalizados, 20.000 nuevas hectáreas de regadío, más de 8.000 contadores instalados y 1.000 millones en infraestructuras” y la compra de multitud de fincas. El Gobierno del PP ha anunciado que suprimirá el plan, pero con un poco de suerte puede que quede su legado: la conciencia en la zona de que no se puede seguir explotando sin fin el acuífero.
¿Durarán mucho los nuevos ojos? Es poco probable. El informe del IGME explica que “de continuar la falta de precipitaciones de los últimos dos meses y el inicio de los primeros riegos de la temporada, se producirá un lento descenso del nivel piezométrico que volverá a situar este por debajo de la cota del terreno y dejarán de aparecer estas nuevas surgencias”. Aun así, la situación del acuífero hace que sea más factible que nunca recuperar el ecosistema. Para ello, es fundamental controlar las extracciones para regadío, que en los peores años superaron los 600 hectómetros cúbicos, el triple de la recarga media.
“Si se salva esto o no es una decisión política”, añade Mejías, que teme que en un nuevo periodo seco se olviden las medidas de ahorro. “La recuperación no se puede confiar solo a la aparición de esporádicos episodios húmedos”.
El Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente prepara una reforma legal de urgencia para impedir “un nuevo deterioro del acuífero”, para lo cual “reordenará los derechos de uso de las aguas tendente a la recuperación ambiental de los acuíferos”. Las condiciones para recuperar La Mancha Húmeda se dan ahora como nunca. El tiempo dirá si el ojo entreabierto del Guadiana es solo un espejismo, una oportunidad perdida. O si, por el contrario, no hay marcha atrás en la recuperación del Guadiana.

Solo un milagro podía salvar las Tablas de Daimiel del incendio subterráneo que las consumían y, al final, ha sido la propia naturaleza la que ha obrado ese milagro y nos ha dejado en evidencia. Es algo increíble; en poco más de un mes, las intensas lluvias que han caído en la región han conseguido que las hectáreas inundadas hayan pasado de 20 a más de 1700. El Acuífero 23 se ha comenzado a llenar y ríos que llevaban más de una década secos han vuelto a correr, como el Pellejero o el Azuer (que hace poco hasta han recorrido en piragua). Ahora da gusto acercarse al Gigüela, a su paso por Villarrubia, o al Guadiana, por el molino de Molimocho, donde ya casi desborda, o cerca del molino de La Máquina, donde recibe el agua embravecida del Azuer.
Esperemos que las diversas autoridades hayan tomado nota y que todos sepamos estar ahora a la altura y podamos evitar una nueva degradación de este entorno singular.

Laura Espinar para www.lanzadigital.com

El Secretario de Estado de Medio Rural y Agua, Josep Puxeu, ha asistido este lunes a la puesta en prueba de las obras, cuyos plazos previstos se han cumplido, acompañado por el presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, Eduardo Alvarado, y del director General de Medio Natural y Política Forestal, José Jiménez, según informó el MARM en nota de prensa.

El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel se encontraba en una situación de emergencia como consecuencia del fuego de turba que se estaba produciendo desde agosto, en el contexto de una situación de sequía de cuatro años. La solución a los fuegos se encontraba en el encharcamiento e inundación de las mismas para asegurar su extinción, propiciando además la recuperación de sus ecosistemas más amenazados, los masegares y las comunidades de plantas sumergidas, favoreciendo asimismo una buena temporada para la nidificación de aves.

El Consejo de Ministros aprobó la realización de dos obras de emergencia que se unían a las actuaciones llevadas a cabo el Organismo Autónomo Parques Nacionales mediante la compactación y humectación de las zonas afectadas. Una de las obras es la realización de nuevos sondeos para bombear agua desde el acuífero.

La segunda es la actuación para la utilización temporal, excepcional y con carácter de emergencia de la Tubería Manchega. Esta medida consiste en utilizar el cauce del Gigüela en los primeros 60 kilómetros, para desde Villanueva de Alcardete conectarlo a la Tubería de la Llanura Manchega durante 90 kilómetros y hacer llegar el agua al Parque Nacional realizando el vertido en la Cañada Lobosa.

Con esta medida se pretende aportar agua con rapidez y eficacia haciéndolo a primeros de año, tal como manifestó el Secretario de Estado de Medio Rural y Agua en las reuniones con el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda. La recuperación de las Tablas se enmarca, en todo caso en el conjunto de las actuaciones que buscan la recuperación de las condiciones hidrológicas del Alto Guadiana, tanto en los humedales y cauces, como en las aguas subterráneas.

El agua que ha iniciado hoy su camino por la Tubería Manchega y podría llegar al Parque Nacional en unos cinco o seis días. En estos momentos el volumen de agua existente en los embalses de Entrepeñas y Buendía ha crecido de forma considerable por lo que de un modo inmediato se saldrá de la situación de emergencia, ya que se pueden superar los 466 hectómetros cúbicos.

De otro lado, según informó el Ayuntamiento de Daimiel en nota de prensa, las lluvias caídas en los últimos días han propiciado que el Guadiana haya superado el molino de El Nuevo para llegar a Molemocho –entrada a Las Tablas– para lo que quedarían cuatro kilómetros. Por su parte, las precipitaciones han propiciado también que el río Cigüela haya dejado atrás Arenas de San Juan, a la espera de los aportes de la zona de Cuenca y del desembalse de Peñarroya.

Además, el arroyo de la Madre Chica, que discurre paralelo al Cigüela camino del humedal, también lleva agua. Igualmente, el Ayuntamiento espera que en próximos días el volumen hídrico del afluente del Guadiana sea mayor una vez se recojan las aguas procedentes de la zona de la provincia Cuenca y de la que desaloja el embalse de Peñarroya a través del Záncara.

Donde ya hay movimiento de agua es en el arroyo de la Madre Chica a la altura de Villarrubia de los Ojos. El Consistorio indicó que el arroyo discurre en paralelo al Cigüela dirección al parque nacional. Por todo ello, esperó que en los próximos días Las Tablas podrían recobrar su circuito natural a la espera del trasvase.

Movimiento por Las Tablas y el Guadiana valora de manera muy positiva la charla mantenida con ciudadanos de Villarrubia de los Ojos sobre el trabajo que este colectivo ciudadano viene realizando y, en concreto, sobre el Pacto Político propuesto a los diferentes partidos con representación en el Ayuntamiento de Daimiel.

A la charla, celebrada el sábado dentro de las Jornadas organizadas por ANEA con motivo del Día Mundial de los Humedales, acudieron miembros de la corporación municipal de Villarrubia de los Ojos, tanto del PP como del PSOE, que se mostraron receptivos y muy interesados por la experiencia contada por miembros de MXTG a todos los asistentes.

En la posterior Mesa Redonda, donde se intercambiaron impresiones sobre estos temas, se llegó a la conclusión de que es necesario iniciar un proceso similar al de Daimiel que desemboque en un pacto entre los dos partidos representados en el Ayuntamiento de Villarrubia, con la participación de los ciudadanos y en donde se haga especial hincapié sobre la importancia de mejorar la depuración de aguas residuales de Villarrubia de los Ojos y acometer otras medidas encaminadas a evitar una posible contaminación del Parque Nacional de Las Tablas por la entrada de agua en malas condiciones a través del río Gigüela.

Otra de las conclusiones a las que se llegó fue la necesidad de iniciar proyectos conjuntos entre los ayuntamientos de Villarrubia de los Ojos y de Daimiel que persigan como objetivo recuperar y proteger el Patrimonio Natural y Cultural de sitios tan emblemáticos para ambos pueblos como los Ojos del Guadiana.

Fuente: http://movimientoporlastablasdedaimiel.blogspot.com/

El hispanista Trevor J. Dadson, catedrático de Estudios Hispánicos de la Universidad de Londres, ha publicado este año la obra Los moriscos de Villarrubia de los Ojos, historia de una minoría asimilada, expulsada y reintegrada. En ella ha llegado a interesantes conclusiones.
La expulsión de los moriscos, es decir, de la población de origen musulmán que se había convertido al cristianismo, fue una medida impuesta desde lo alto, pero que no era demandada ni fue respaldada en muchas ocasiones por el pueblo. Fue decretada en 1609 por Felipe III y durante varios años unos 300.000 habitantes tuvieron que abandonar los reinos hispánicos. Sin embargo, en bastantes casos, el edicto de expulsión se encontró con fenómenos de resistencia pasiva, como es el que ocurrió en Villarrubia.
Desde la conversión forzosa de 1502, en que todos los musulmanes fueron obligados a bautizarse, los moriscos de la Mancha se habían asimilado paulatinamente al resto de la población hasta el punto de que ya no había diferencia entre unos y otros, salvo su origen remoto. En el caso de Villarrubia está documentado que incluso llegaron a ocupar cargos administrativos o judiciales importantes en la localidad. Había un clima de tolerancia y aceptación plena.
El decreto de expulsión de los moriscos del Campo de Calatrava fue promulgado en 1611 y fue algo totalmente inesperado y, desde luego, indeseado. Nadie esperaba que las medidas de expulsión que habían comenzado unos años antes pudiera repercutir en esta zona, donde los moriscos estaban totalmente integrados. Desde el Conde de Salinas, a cuyo señoría pertenecía Villarrubia, hasta el labrador más pobre, pasando por los propios oficiales, todos creían que la medida no afectaría a sus conciudadanos.
Y se rebelaron. Comenzó una lucha contra los bandos de expulsión, una lucha que dirigía en secreto el propio conde de Salinas. Llegó a haber hasta tres intentos de expulsión, en 1611, 1612 y 1613, ya que cuando las autoridades expulsaban a los moriscos, éstos volvían desde Francia o el norte de África y eran ayudados a su vuelta por los demás vecinos, que a menudo los escondían en sus casas o en la sierra. Fue especialmente destacada la actuación del gobernador Gabriel Zurita, el contador Antonio Laso y el mayordomo Bartolomé de la Vega.
En 1614 las expulsiones habían acabado oficialmente y la mayoría de los moriscos de Villarrubia se encontraban el pueblo. Los que estaban escondidos y expulsados fueron regresando y ocuparon de nuevo sus propiedades y oficios. Incluso llegaron a recuperar sus casas y terrenos confiscados apelando a los tribunales a lo largo de la década siguiente, ya que muchos de ellos eran abogados y licenciados. En todos los juicios que Dadson ha examinado ganaron y recuperaron sus posesiones.
Poco a poco, con el paso del tiempo, volvió la normalidad para los moriscos de Villarrubia, salvo por algún proceso aislado llevado a cabo por la inquisición. A principios del siglo XVIII no había ya distinciones visibles entre las dos poblaciones y todos eran, simplemente, villarrubieros. Habían resistido y vencido a la intolerancia.

En este blog traspasamos el ámbito de la Mancha. A finales del XVI y principios del XVII, la tierra de don Quijote era el Reino de Toledo, una parte de la Corona de Castilla, específicamente de Castilla la Nueva. Aunque no tenía dimensión institucional, ni realidad jurídica, el Reino de Toledo aparecía en los mapas y en los títulos de los reyes, y se extendía por lo que hoy son las provincias de Toledo y Ciudad Real, la Mancha albaceteña y conquense y parte de Madrid y Guadalajara. Es por eso por lo que nos vamos a dar la licencia, si es menester, de escribir sobre asuntos que transciendan las fronteras manchegas.
Archivo
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